Archive for the ‘ escultura ’ Category

El mapamundi de Vik Muniz

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WWW (Mapamundi), de la serie de imágenes de chatarra (2008). 249,2 x 101,6, C-Print digital.

Esta imagen forma parte de una serie de fotografías de grandes composiciones realizadas con materiales abandonados. Vik Muniz fotografía los distintos elementos en diagonal, lo que le obliga a crear una imagen distorsionada que sólo es “correcta” desde el punto de vista de la cámara. Aunque parecen imágenes de dos dimensiones, los elementos en primer plano son mayores que los del fondo. Con la serie, Muniz reflexiona sobre la naturaleza de los desechos: “lo que nos dicen acerca de nosotros mismos y acerca de nuestra actitud hacia el futuro”.

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La desproporción jocosa de Botero

 

Suscribo las palabras que el galerista libanés Gary Nader expresó en una ocasión: “Las esculturas de Botero te poseen porque son casi como edificios. Pero además de su presencia imponente y de su valor estético, le dan alegría al espectador porque son jocosas”. Veamos mi pequeña selección de las muchas que se han expuesto o están repartidas por el mundo.

“Mujer fumando”, ejemplar único en mármol blanco, 58,4 x 141 x 56 cm (1986). Foto: http://www.invertirenarte.es.

“Caballo”, Chatsworth House de Derbyshire, Inglaterra (2008). Foto: EFE.

“Cabeza” Tokyo, Japón (2005). Foto: Rmleon (Wikipedia).

“Bailarines”, Chatsworth House de Derbyshire, Inglaterra (2008). Foto: mike t-d (Flickr).

“Mujer sentada”, Milano, Italia (2007). Foto: AMLobos (PBase).

“La mano”, Madrid, España (1994). Foto: Pablo Arias (Flickr).

Isamu Noguchi, escultor, diseñador, paisajista…

Retrato de Isamu Noguchi.

Retrato de Isamu Noguchi.

Isamu Noguchi (Los Ángeles, 1904 – New Yok, 1988) fue escultor, arquitecto, poeta y diseñador de muebles y paisajes. Gracias a su aproximación a todos estos campos como si de escultura se tratasen, extendió la definición clásica de escultura y difuminó los límites entre las bellas artes y el diseño utilitario.

Noguchi quiso infundir de relevancia social y práctica al arte y crear objetos para el día a día que fueran al mismo tiempo útiles y bonitos.

Uno de los modelos de Akari Light Sculptures, de Isamu Noguchi.

Uno de los modelos de Akari Light Sculptures, de Isamu Noguchi.

Nacido como Sam Gilmour en Los Ángeles, hijo de la escritora y profesora americana Leonie Gilmour y el poeta japonés Yone Noguchi que lo abandonó, Isamu Noguchi creció y fue educado entre Japón y Estados Unidos. Su interdisciplinario e intercultural acercamiento al arte estuvo influenciado no sólo por su contacto con el modernismo occidental y el tiempo que pasó asistiendo al escultor Constantin Brancusi, sino también por sus viajes a Asia, donde no hay distinción entre bellas artes y artes aplicadas.

Nunca formó parte oficialmente de ningún movimiento o grupo de artistas, pero durante su carrera Noguchi trabajó con, y para, varios artistas de renombre. Trabajó para Diego Rivera en Nuevo Méjico, y recibió un encargo de George Gershwin mientras vivía en Nueva York. Desde 1935, colaboró durante años con coreógrafos como Martha Graham, Merce Cunningham y George Ballenchine. Desarrolló una permanente amistat con Buckminster Fuller, diseñador, ingeniero, visionario e inventor estadounidense.

Durante los años 40 y 50, diseñó sillas y mesas de formas esculturales para Herman Miller y Knoll. Aplicando técnicas artesanales tradicionales japonesas, también creó sus famosas Akari Light Sculptures, lámparas de papel de arroz para el uso cotidiano. Más adelante, Noguchi trabajó en diseños más grandes, incluyendo fuentes y jardines, los cuales veía como escultura única. Usando agua, vegetación, piedras talladas y naturales, creó espacios que apelan a los sentidos y respetan la naturaleza y la cultura al mismo tiempo. Sus proyectos al aire libre constituyen un importante legado que se extiende por una setentena de ciudades norteamericanas y otras como París y Jerusalén.

Jardines de la Sede de la UNESCO de París, de Isamu Noguchi.

Jardines de la Sede de la UNESCO de París, diseño de Isamu Noguchi.

To the Issei, Japanese American Cultural Community Center, Los Angeles.

To the Issei, Japanese American Cultural Community Center, Los Angeles.

Jardín del Domon Ken Museum, Sakata (Japón), de Isamu Noguchi.

Jardín del Domon Ken Museum, Sakata (Japón), de Isamu Noguchi.

California Scenario, de Isamu Noguchi. Un espacio de 1'6 acres entre altos edificios de oficinas en Two Town Center (California).

California Scenario, de Isamu Noguchi. Un espacio de 1’6 acres entre altos edificios de oficinas en Two Town Center (California).

(Fuentes: artículo sobre el artista en Discover Nikkei (en inglés) y artículo en Modern Furniture Classics (en inglés) y Wikipedia. Imágenes recopiladas de la www.)

Las arañas de Louise Bourgeois

Una de las famosas arañas de bronce, acero y mármol, instalada junto al Museo Guggenheim de Bilbao (imagen tomada del blog Eclypse)

La escultora franco-estadounidense que afirmó que “el arte es la garantía de la cordura”, falleció el pasado mes de mayo a la edad de 98 años, dejando un gran vacío en el mundo artístico. Louise Bourgeois trabajó hasta el último momento, del mismo modo que mantuvo abierto su salón dominical en el que recibía a jóvenes artistas, siempre que su salud se lo permitía, en su viejo caserón de Chelsea. Siempre a la vanguardia de nuevos desarrollos artísticos, siguió un camino totalmente personal a través del cual alcanzó una gran originalidad, aunque se la suele relacionar con el surrealismo, el primitivismo y la escultura modernista de artistas como Alberto Giacometti y Constantin Brancusi.

Artículos interesantes sobre la artista y su obra: Honoring the queen of Existential Art, Contar la propia historia, Adiós a la escultura de todo un siglo.

Fuentes: La Vanguardia, El País y los textos referenciados anteriormente.

Escultor de uranio

Me hubiera encantado poder escuchar a James Acord hace tres semanas cuando estuvo en el festival The Influencers, en Barcelona. Pero como suelen decir, a falta de pan, buenas son tortas. Aquí está la entrevista que le realizó Ima Sanchís para La Contra de La Vanguardia, publicada el pasado 9 de febrero.

“Quiero aplicar la tecnología nuclear al arte”

James Acord, escultor, hacedor de Custodia de un caballo gris con el corazón de uranio: Tengo 65 años. Nací y vivo en Seattle (Washington). Estoy divorciado. Fui a una escuela privada de arte y soy el único individuo con licencia para trabajar con materiales radiactivos. Utilizo la ciencia como herramienta para mi arte. He votado a Obama. Soy ateo.

De niño tenía un kit nuclear, hoy prohibidísimo, y me encerraba en los armarios para ver las chispitas que hacía el uranio.

… Y años después construyó un relicario nuclear.

Yo me eduqué en el catolicismo, quería ser escultor y hacer estatuas como las que veía en la iglesia. Y quería ser sacerdote, pero me quedé en monaguillo: mis ambiciones se frustraron cuando fui sorprendido haciendo experimentos con agua bendita.

Se quedó con lo de artista.

Sí, pero no se me fue la idea de construir objetos sagrados: un relicario para contener uranio. Piense que la comunidad nuclear es bastante parecida a una religión, así que tenía mucho sentido utilizar los simbolismos religiosos para hablar de la era nuclear.

¿De dónde sacó el uranio?

De una vajilla antigua llamada Fiestaware que contiene uranio en el esmalte. Me dediqué a ir a mercadillos y tiendas de segunda mano a comprar platos, tazas y tacitas. Antes de la Segunda Guerra Mundial el único uso que se daba al uranio era el decorativo, así que devolví ese uso a las artes, je, je.

¿Qué hizo con las tacitas?

Las convertí en polvo y decanté yo mismo el uranio, que metí en unos contenedores seguros que coloqué en la base de granito de cinco pies de altura.

Al gobierno no le gustaban sus piezas.

Me las confiscaron en la primera exposición. Los de control de radiación se presentaron en casa y me dijeron que era ilegal poseer uranio. Tenía que solicitar una licencia.

¿Cuestionarios y más cuestionarios?

Me pasé un año de papeleos, pero al final la obtuve, estaba tan contento que me tatué el número de la licencia en el cogote, aquí.

Ya veo.

Pero yo quería más uranio, andaba buscando la transmutación. Quería transmutar residuo nuclear en material no radiactivo para mis esculturas.

¿Eso es posible?

Sí, lo descubrí en mis clases, invertí diez años en aprender a realizar esa alquimia. Pero el Departamento de Energía es como la Iglesia católica del siglo XII, están comprometidos con el dogma de que los desechos radiactivos deben enterrarse.

¿Qué clases?

Mi esposa y yo nos mudamos a la reserva nuclear de Hanford, en el corazón del desierto de Washington, que había proporcionado el plutonio para la bomba de Nagasaki, donde todos los depósitos subterráneos de desechos están goteando.

Qué buena noticia.

Es la zona más contaminada de Estados Unidos. Yo necesitaba tener acceso a un reactor nuclear para la transmutación, así que me apunté al centro de educación de posgrado de Hanford e intenté hacer amistad con los trabajadores y científicos del lugar.

¿Hubo suerte?

Los ingenieros nucleares no se toman en serio el arte, más bien consideran que es un oficio para tontos. Me pasé diez años intentando enseñar historia del arte a aquella comunidad, pero no hubo forma, y usé todas las estratagemas que se me ocurrieron para integrarme: cambié de corte de pelo, me preocupé de que mi césped estuviera bien cortadito, como el suyo, me vestía como ellos…

¿Su americana son restos de la época?

Sí, ya ve: una americana y la corbata a juego, pero esa no la he traído. Incluso me apunté a Alcohólicos Anónimos porque la gran mayoría de aquella comunidad eran alcohólicos. Y también sufrían una alta cuota de enfermedad mental.

¿Y eso?

Son muy extraños, viven muy aislados porque construyen reactores nucleares en medio de la nada.

¿Qué opinaba su mujer?

Aquello no le gustaba. Me abandonó.

¿Consiguió conquistarlos?

Los bebedores hacían apuestas de si sería capaz de superar las pruebas académicas, y me convertí en el mejor alumno en 25 años. Hice miles de propuestas y conferencias para que me dejaran utilizar el reactor nuclear, pero lidiaba con el gobierno federal y finalmente desistí, pero aprendí mucho.

¿Qué aprendió?

Que está todo tan compartimentado que allí nadie entiende cómo encaja su tarea diaria en el proceso. Pero mi concepto de la era nuclear cambió al conocer las tecnologías que se estaban desarrollando. Vi claramente que el metal más fino, detallado y precioso del mundo es el que se desarrolla en la industria nuclear. Los reactores nucleares funcionan porque el uranio se distribuye geométricamente por ellos, así que la escultura y la ingeniería nuclear tienen mucho en común.

Es usted muy perseverante.

Je, je, je. Mi búsqueda es utilizar la tecnología más avanzada del momento para aplicarla al arte. El arte es una forma de hacer las cosas comprensibles, así que el arte puede hacer más comprensible la tecnología nuclear; y si la gente comprende, tomará decisiones adecuadas. Nos guste o no, el futuro será nuclear.

¿Qué fue de usted?

Volví a Seattle a los 56 años y sigo persiguiendo la transmutación.

No entiendo que no le subvencionen.

Yo tampoco, je, je, realmente con un simple proceso nos ahorraríamos esos peligrosos cementerios y en su lugar tendríamos arte.

Auténtico

Singular, humilde, delgaducho, desdentado, pelo azul, sentido del humor y actitud de niño, pero sobre todo más perseverante que el Pentágono. Su propuesta artística consiste en transmutar el uranio: convertir los residuos radiactivos en materia inerte para hacer esculturas. Esa convicción ha hecho de su propia vida una obra de arte. Pasó por Barcelona para exponer su propuesta en el festival The Influencers. Para conseguir su propósito se trasladó a la reserva nuclear de Hanford, donde vivió diez años estudiando y aprendiendo de la singular comunidad nuclear: “Los ingenieros que construyen los reactores son los artesanos de más alto orden”. Acord siempre ha vivido de sus dibujos y esculturas.

Toro de Puyuelo

Toro de mármol de Calatorao, 43x48x37 (Paco Puyuelo)

Toro de mármol de Calatorao (43x48x37 cm) de Paco Puyuelo, escultor. Fotografía de Ian Patrick.

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What is kept in an armoire? Private things, one’s clothing – cloth that touched the skin. Is this a metaphor of memory or the self, unreachable now, tied and suspended? A state of psychological closure, an inturning. And the window beyond: every pane save one is leaded over, blocked out. Perhaps that single open pane allows for the potential or possibility of release.