Archive for the ‘ otros ’ Category

Álvaro Neil, la sonrisa como moneda de cambio

Aunque no podamos disfrutar de sus espectáculos en directo, bien vale la pena echar una ojeada a los canales de Álvaro Neil, un payaso que lleva más de doce años pedaleando por el mundo sin rumbo fijo para hacer reír a los más desfavorecidos. Ahí van su website, twitter, instagram, facebook, youtube y vimeo. La inspiración está asegurada!

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Álvaro el Biciclown, publicada en su instagram hace dos meses.

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(Des) Equilibrio en las nubes

El último reto de Skyliners, un grupo de franceses dedicados a realizar acrobacias en la naturaleza, nos ha dejado un bonito vídeo realizado por Sébastien Montaz-Rosset. El reto consistía slacklinear a 800 metros de altura entre 2 globos aerostáticos, y si se caían, pues nada, a volar…!

 

Más sobre Skyliners, por aquí.

La responsabilidad del coleccionismo

Aunque ella se defina como coleccionista, Cindy Mack la calificaría también como artista. Y es que Patricia Phelps de Cisneros es una mecenas venezolana para la que “coleccionar es un placer, pero sobre todo es una responsabilidad. La responsabilidad de investigar, de generar conocimiento y de compartirlo con los demás”. He aquí algunos fragmentos de una reciente entrevista.

Retrato de Patricia Phelps en el Caixa Fòrum de Barcelona, por Xavier Cervera.

Retrato de Patricia Phelps en el Caixa Fòrum de Barcelona, por Xavier Cervera.

(…)

Pese a su magnitud, la Colección Patricia Phelps de Cisneros no cuenta con una sede permanente de exhibición. ¿Cuál es la razón?

La decisión de no construir un museo propio la tomamos muy tempranamente. No hubo dudas. Nos dimos cuenta de que la mejor manera de servir a nuestra misión, la de dar a conocer el arte y la cultura latinoamericana, era creando un programa muy activo de préstamos. Que las obras viajaran de aquí para allá y pudieran ser contempladas por un público lo más numeroso y diverso posible. En este momento debemos tener entre 400 y 500 piezas viajando por el mundo.

Una apuesta valiente. Hasta los museos son cada vez más reticentes a que las obras salgan de sus edificios.

Es que no tengo ningún sentido de la propiedad, no la merezco. Siento que estoy aquí, en este mundo, para cuidar estas obras, para darlas a conocer, para estudiarlas, para servirlas… Para servir al público que esté interesado… Coleccionar no es acaparar un cierto número de objetos sin sentido. Lo fácil es comprar. Lo dificultoso es cultivar el conocimiento de lo que atesoras. Y en este sentido no se me ocurre mejor aliado que un museo. ¿Qué mejor paredes para mostrar nuestras obras que el MoMA, la Tate, el Macba o la Fundació Miró, donde presté una Constelación para la gran exposición Miró? Y volviendo a su pregunta anterior, el por qué no tenemos un museo, le diré también que no me parece justo imponerles ese legado a nuestros hijos. No sería correcto pedirles que se hagan cargo de la colección cuando sus intereses pueden ir por otro lado…

Esa voluntad pública de la colección, ¿existía ya en el origen o se fue gestando poco a poco? ¿Qué es lo que despertó sus ganas de compartir?

Mis padres no eran coleccionistas, aunque el coleccionismo siempre formó parte de mi vida gracias a mi bisabuelo, William Henry Phelps, ornitólogo e intrépido explorador, que reunió la colección privada de aves tropicales más extensa del mundo. Era muy riguroso en los procesos de conservación y documentación. Creo que de ahí viene mi impulso por coleccionar y también la idea de que poseer sólo es una faceta del coleccionismo y que el estudio, el cuidado y la difusión del conocimiento es lo que lo que enriquece el proceso. Pero en todo caso nunca me propuse ser coleccionista o hacer una colección. Ha sido algo muy orgánico que ha ido creciendo poco a poco. La colección Orinoco, por ejemplo, nace a raíz de nuestras expediciones por el Amazonas venezolano, cuando nos damos cuenta de que la cultura de los pueblos indígenas estaba desapareciendo. Y es entonces cuando lo que hasta entonces habían sido recuerdos de viaje empiezan a formar parte de una colección sistematizada pensada para preservar una cultura y darla a conocer a los demás. La colección Orinoco cuenta hoy con 1.400 objetos etnográficos de doce grupos indígenas y la han visto más de siete millones de personas en todo el mundo. Me siento muy orgullosa. Pero usted me preguntaba por el origen, y creo que tiene que ver con la Venezuela en la que me crié.

¿Cómo recuerda la Venezuela de los años 50?

Era un escenario de incomparable modernidad, producto de la riqueza petrolera. Vivimos rodeados de arquitectura moderna.. Pienso por ejemplo en las Nubes flotantes de la Universidad de Venezuela, que es el Calder más grande del mundo… Yendo al colegio podías ver obras de grandes artistas como Alejandro Otero, Gego, Carlos Cruz-Diez, todo eso marca una sensibilidad, claro.

Hasta ahora ha hablado de responsabilidad, pero imagino que en el coleccionista hay también mucho placer.

Sí, claro, el placer de descubrir o de seguir una obra, el placer de encontrarla, de adquirila , de disfrutarla, el placer de la mirada es importantísimo. Es divertido y te llena el alma. Aunque las obras que adquirimos son para el acceso público, el placer de tenerlos para tu mirada, en tu propia casa, antes de que salgan al mundo, es un placer enorme. No hay obra que no ame.

¿Cuál ha sido su última adquisición?

Una obra de un joven artista de 18 años comprada hace unas semanas en Maracaibo. No diré su nombre, nunca lo hago, para no ser injusta con el resto. En la actualidad estamos apostando por artistas no ya emergentes sino preemergentes,.. Tenemos una suma de dinero muy modesta que es la que estamos dispuestos a gastar, porque eso nos obliga a buscar, a descubrir nuevos talentos. En el tope está el reto. Es más arriesgado pero hasta ahora he disfrutado de todas las obras que hemos comprado.

¿Todas cuelgan en un momento u otro en su vivienda?

Sí, prácticamente todas, Y a veces las más valiosas no están en el salón, a la vista de todos, sino en mi dormitorio.

El MoMA, la Tate, el Pompidou están comprando mucho arte latinoamericano… El director del Reina Sofía, Manolo Borja-Villel, tiene también la mirada puesta en Latinoamérica. ¿A qué responde este interés de pronto tan generalizado?

La aspiración final es que cuando tengamos otra entrevista dentro de diez o quince años ya no tengamos ya que hablar de la promoción de los valores culturales latinoamericanos porque su arte esté ya integrado en los museos. Esa es una batalla que está ya librada en lugares como el Macba, donde desde el principio en sus paredes cuelgan artistas sin importar su procedencia geográfica. Me encanta ese museo y mantenemos con él una relación estrechísima. Es lo mismo que sucedía en los primeros años del MoMA… Y estoy muy ilusionada con la Fundación Museo Reina Sofía, me parece un sueño muy hermoso el que impulsa Manolo Borja-Villel, la creación de una red de museos y coleccionistas del Sur con Madrid como eje central. Será algo grande, seguro.

¿Es el gran momento de Latinoamérica?

Sí, sin duda, y en ello también tiene que ver, qué duda cabe, el boom económico que está viviendo prácticamente toda Sudamérica, con algunas excepciones. Eso está provocando un renovado interés, aunque siempre he pensado que para Europa Latinoamérica ha sido una parte integral de su conciencia y ahora están intentando integrarlo. ¿Por qué ahora? Los medios de comunicación, con internet a la cabeza, hace que nos volvamos más hermanos, más curiosos los unos hacía los otros. Latinoamérica tiene que dar mucho en cultura y en arte. Siempre hemos estado en la vanguardia. Incluso en la época de la colonia Venezuela produjo muebles como la butaca, cuyo origen es la silla indígena, reclinada hacia atrás. Hasta entonces las señoras, con sus enormes vestidos, se sentaban en el extremo de la silla, de lo más formales, y colocaban la butaca en el dormitorio, para relajarse. Es un pequeño detalle, pero ese es un ejemplo de algo muy vanguardista que luego daría la vuelta al mundo. Cuando nos fuimos de llas mujeres las tenían en sus dormitoriso pero se relajaban. Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay… fueron centros importantísimos del modernismo.

(…)

Otros enlaces de interés: acceso a la exposición “La invención concreta” en el Museo Reina Sofía de Madrid.

Calligraffiti de Niels Shoe Meulman (II)

Paralelamente a su trabajo artístico, Niels Shoe Meulman realiza campañas publicitarias y se encarga de la dirección de arte o la estrategia de marketing de distintos proyectos. A continuación, algunos ejemplos destacados:

Shoe diseñó el packaging completo de la Bols Genever - Amsterdam Gin.

Shoe diseñó el packaging completo de la Bols Genever – Amsterdam Gin.

 

Customización de vehículo Mercedes-Benz para campaña publicitaria.

Customización del vehículo Mercedes-Benz que esponsorizó la campaña contra el cáncer de mama Pink Ribbon en Holanda.

 

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Para Unruly, creó una línea de pañuelos de seda de lujo.

 

Y como última muestra, su participación en el spot de Louis Vuitton coordinado por la agencia Ogilvy Paris, realizando uno de sus calligraffitis sobre el ring durante el anuncio.

Calligraffiti de Niels Shoe Meulman (I)

 

Niels Shoe Meulman es un artista visual, diseñador, graffitero y director de arte holandés cuyas obras forman parte de las colecciones permanentes del Stedelijk Museum de Amsterdam y del San Francisco Museum of Modern Art, así como de numerosas colecciones privadas. Fue él mismo quién acuñó el término calligraffiti para referirse a su trabajo, fruto de la fusión entre caligrafía y graffiti, en 2007 cuando organizó una exposición en Amsterdam con ese nombre. Desde entonces, sus calligraffitis se han podido disfrutar en varias exposiciones en Europa y América del Norte.

“El poder absoluto de la imagen debilita y anestesia la imaginación”

Interesantísima entrevista al filósofo francés Jacques Bouveresse publicada en Revista de Letras la semana pasada:

Jacques Bouveresse (Épenoy, Francia, 1940) ha visitado recientemente España para presentar el libro Sátira y profecía. Las voces de Karl Kraus, con el que Ediciones del Subsuelo abre su catálogo. En el volumen se recogen los cuatro estudios que Bouveresse realizó sobre el célebre periodista satírico austriaco. La crítica que ejerció Kraus sobre el papel de la prensa a finales del siglo XIX y principios del XX, claramente interesada y controlada por la política y la economía, mantiene su vigencia en la actualidad, algo que acertadamente advierte el propio autor en el prólogo a la edición española, en un momento en el que la sociedad civil se ve aislada por los poderes fácticos.

¿Qué herramientas puede aportar la filosofía a la sociedad? ¿Cuál podría ser el papel del filósofo actualmente?

Siempre me ha sorprendido el magisterio supremo que los filósofos están convencidos de poder ejercer cuando se trata de cuestiones sociales y políticas, y de la contribución determinante que creen ser capaces de aportar para resolver estos problemas. Al igual que Wittgenstein, estoy convencido de que la filosofía no tendría demasiado interés si únicamente consiguiera que la gente fuese capaz de plantearse cuestiones de lógica abstrusa y no contribuyera también a mejorar su forma de pensar y hablar sobre aspectos más importantes de la vida cotidiana. Como también decía Wittgenstein, raramente se sabe exactamente lo que hay que decir, pero en muchos casos es posible saber con certeza lo que no hay que decir o al menos no decirlo de la forma en que suele hacerse. En tanto que filósofo, debo reconocer que a menudo me sorprende cómo a veces se habla para proclamar contraverdades evidentes o simplemente para no decir nada sobre las cuestiones que precisamente son las más importantes. Por desgracia, esto es lo que ocurre con frecuencia en el caso de la política.

¿Qué le llevó a estudiar a Karl Kraus?

Si no recuerdo mal, Pierre Juquin, un germanista destacable y mi profesor de alemán en el Liceo Lakanal durante los años 1959-1961, fue el primero que me habló de Kraus. Paulatinamente fui adquiriendo toda la obra del autor vienés, y podría decirse que desde principios de los sesenta no he dejado de leerlo. Quizá porque la actualidad nos brinda constantemente motivos para hacerlo.

¿Qué significó el diario Die Fackel creado por Kraus para la sociedad vienesa de la época?

Para mucha gente era el defensor por excelencia de la verdad y la moral contra todas las formas de la mentira y la corrupción, ya fuese política, moral, intelectual o artística. Él estaba convencido de que primero hay que barrer la propia casa, una actitud que desgraciadamente es poco habitual y que sería muy recomendable para todos los individuos y todas las naciones. Parece lógico que con su comportamiento fuese objeto tanto de admiraciones desmedidas como de manifestaciones de ira de una violencia inusitada. Para Kraus, el verdadero problema de la corrupción no era tanto que exista, ya que no se puede esperar que desaparezca completamente, sino la tolerancia y la indulgencia de las que se beneficia por parte de la gente corriente y a menudo incluso por parte de aquellos que son sus víctimas. Esto es más cierto que nunca en las sociedades regidas por los principios del neoliberalismo triunfante, en las que el reino del individualismo, del dinero, del provecho y de la competencia más o menos salvaje lleva a que la honradez tenga cada vez menos peso frente al cinismo.

¿El periodismo del que hablaba Kraus difiere mucho del periodismo de hoy en día?

En algunos aspectos las cosas son distintas, pero en otros no lo son apenas, o incluso en absoluto. En general, la prensa está más controlada y reglamentada de lo que lo estaba en Austria en la época de Kraus. Él percibía que la prensa iba camino de convertirse en una especie de poder absoluto al que no se le oponía ningún contrapoder real y ante el cual el estado había optado por abdicar completamente. Cuando atacaba a la Neue Freie Presse y a su propietario, Moritz Benedikt, estaba anunciando a los Rupert Murdoch y a los Berlusconi de la actualidad. Da la sensación, a pesar de los evidentes cambios que ha habido desde la época de Kraus, que la prensa sigue comportándose esencialmente del mismo modo. Recientemente hemos tenido una confirmación de ello en el llamado «caso Dominique Strauss-Kahn». En estas ocasiones resulta difícil saber si lo primero que han perdido los medios de comunicación es el sentido del ridículo, el de las proporciones o el del respeto más elemental por la vida privada y por los individuos.

La crítica de Karl Kraus apuntaba principalmente a la prensa. ¿Cuál cree que sería la opinión de Kraus sobre la radio y la televisión?

No creo que le tranquilizara en absoluto ver que vivimos en el mundo de la televisión (que evidentemente no conoció, aunque sí conoció y utilizó sin aparente desagrado la radio), al menos tanto y a menudo más que en el de la realidad. Él había comprendido anticipadamente que, lejos de desarrollar la imaginación y la sensibilidad, la omnipresencia y el poder absoluto de la imagen surten el efecto contrario: las debilitan y finalmente las anestesian. Lo impensable sucede por la incapacidad de imaginarlo y porque se es incapaz, cuando llega el momento, de percibirlo y verlo en todo su horror. Para Kraus, la propaganda nazi consiguió convencer a la gente de que incluso las atrocidades que había presenciado no habían ocurrido y que no eran más que una invención del enemigo.

¿Según usted, cómo inciden en la opinión pública les redes sociales como Facebook y Twitter?

Desde el punto de vista de Kraus, es posible que incluso haya motivos para alegrarse de que la prensa ya no disponga del monopolio para crear la opinión pública y se enfrente con una competencia cada vez más seria y con una capacidad de réplica que hasta ahora no conocía. Dicho esto, no creo que Kraus considerase una conquista real que todo el mundo, gracias a internet, pueda convertirse en un periodista aficionado. No hay que olvidar que él creía que el periodismo es un oficio difícil y comprometido que debería someterse a exigencias particularmente estrictas que desgraciadamente no suelen respetarse, como la comprobación escrupulosa de los hechos y el respeto absoluto a la vida privada de la gente. Pero, actualmente, parece que cualquiera puede afirmar prácticamente cualquier cosa sin sentirse obligado a comprobar nada y entregarse impunemente a la indiscreción, al exhibicionismo y al voyeurismo de la peor especie.

La muerte de Bin Laden suscitó una gran polémica en los medios. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Debo confesarle que no me fijé particularmente en la polémica que se creó en los medios a raíz de ese acontecimiento. En cuanto a la reacción de éstos, lo más destacable es que debieron de sentirse muy defraudados, ya que no se les dio gran cosa para mostrar, ni incluso para contar y comentar. Otra cuestión sería preguntarse si la manera de proceder de Estados Unidos sería la de esperar de un estado que respeta les reglas de la democracia y de la justicia, y si esta forma de actuar podía satisfacer a los medios. Es cierto que, en el mundo en el que vivimos, lo segundo puede tener a veces tanta importancia como lo primero.

El 17 de julio de 2010 usted rechazó por segunda vez la Legión de Honor. ¿Cuál fue la reacción de la prensa y de la opinión pública ante su rechazo y ante la carta que usted dirigió a la ministra de Educación?

No puedo decir exactamente que haya rechazado dos veces la Legión de Honor. La primera vez todavía no me la habían concedido, y la segunda me enteré por los medios de comunicación. Por lo visto he llamado más la atención de la prensa por rechazar esta distinción que por los treinta libros que he publicado. En cuanto a las reacciones, he recibido cartas de felicitación de políticos de la izquierda por haberla recibido, y también cartas muy emotivas de gente anónima, de diversos ámbitos, que por el contrario me felicitaban por haberla rechazado. Resulta gracioso que la izquierda me felicitara por haber recibido de la derecha una condecoración que la primera nunca me ofreció. Pero lo más destacable es que, todavía hoy en día, en Francia, es muy difícil que te reconozcan como un intelectual de izquierdas si se te cataloga de filósofo analítico. De todos modos, el mundo político, ya sea de derechas o de izquierdas, no muestra demasiado criterio cuando se trata de elegir a sus intelectuales de referencia, que son más o menos los mismos que los de los medios de comunicación, y entre los cuales no hay muchas posibilidades de encontrar a un filósofo de mis características. Si te atreves a criticar duramente determinados aspectos de nuestras glorias nacionales como Althusser, Derrida, Deleuze, Lyotard, Foucault, Badiou, etc., cuya obra, supuestamente, determina qué significa ser de izquierdas en filosofía, no puedes ser, para sus admiradores incondicionales, más que un reaccionario o incluso un antipatriota.

Según su opinión, el análisis que hizo Karl Kraus del nazismo fue malinterpretado. ¿De qué modo?

Ésta es una pregunta que requeriría extenderse largamente; tan sólo diré que escribí un prólogo de 150 páginas para la traducción francesa de Dritte Walpurgisnacht. Los dos principales problemas de Kraus han sido: por un lado, que se ha malinterpretado su famosa frase «Sobre Hitler no se me ocurre nada», y por otro lado, que, en 1932, Kraus rompió con la socialdemocracia y en 1934 se alió con Dollfuss, porque creía que él encarnaba la última esperanza para Austria de evitar la anexión con la Alemania nazi. Todavía hoy en día, los prejuicios, el desconocimiento de la historia, la parcialidad y la mala fe hacen que, de forma absolutamente incomprensible para mí, se perdone antes la admiración que Heidegger sentía por Hitler y su adhesión explícita y prolongada al nazismo que el hecho de que Kraus se alineara al lado de Dollfuss. Kraus dijo: «El historiador no siempre es un profeta que mira hacia atrás, pero el periodista siempre es alguien que a toro pasado ya sabía de antemano».

¿Qué opina del sistema educativo en las universidades de Europa?

Desgraciadamente, no conozco de forma precisa cuál es la situación en las universidades europeas; en realidad, ni siquiera en la universidad francesa, ya que no imparto clases desde 1995, año en que fui elegido para el Collège de France. Sin embargo, me sorprende que la información filosófica circule poco, mal y normalmente en sentido único entre los países de la Europa occidental, ya que teóricamente están muy cerca los unos de los otros. Otra circunstancia que me preocupa y a la que soy particularmente sensible es el terrible fracaso de la democratización de la enseñanza superior, que para mi generación representaba una aspiración fundamental y un motivo de esperanza. En ese aspecto soy más bien pesimista; me parece muy posible que acabemos padeciendo todos los inconvenientes del sistema norteamericano y prácticamente ninguna de sus ventajas.

¿Alguno de los medios de comunicación actuales le merece respeto particularmente?

Me parece que para ser respetado, en primer lugar hay que comportarse de manera respetable. Creo que, en su caso, deberíamos sentirnos muy satisfechos si al menos se comportaran de forma más o menos aceptable, lo cual desgraciadamente no es el caso. En ciertos momentos sería de agradecer que los profesionales de la comunicación reconociesen, como algunos de ellos hacen a veces, que sólo son comerciantes que venden un producto un poco especial, en vez de repetir una y otra vez que cumplen con el deber sagrado de la información, servidora únicamente de la transparencia, la verdad y la moral. Como dijo Kraus: «Los hipócritas de la moral no son despreciables porque actúen de forma distinta de la que profesan, sino porque profesan algo distinto de lo que hacen. […] Que esa gente beba vino no es lo que habría desenmascarar, sino que prediquen el agua».

por Bibiana Ripol (30/10/2011)

¡Silencio!

Esta ha sido la última misión de Improv Everywhere. En ella han participado 23 actores y 2 perros que, infiltrados en el espacio público, se “ponían en mute” (como si alguien apretara el botón de mute, o silencio, del mando del televisor) a intervalos coordinados. La actuación tuvo lugar en el Prospect Park de Brooklyn, New York, y forma parte de la exposición “stillspotting nyc” del Museo Guggenheim.