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Videoclips made in Spain IX

Gracias a la pasión que el formato del videoclip despierta entre varios profesionales del audiovisual de Barcelona, aquí se realizó el primer video musical en 3D, en el año 2008. Se trata del videoclip de “Me tienes contenta” de Pastora, grupo que a su vez siempre ha mostrado interés por las nuevas tecnologías.

(Es de agradecer que el público general pueda conocer los nombres de los profesionales que han participado en la producción de un videoclip!)

Producido por el DiBa (Digital Barcelona Film Festival) y dirigido por Joan Riedweg, fue el primero en España y el segundo en el mundo, por detrás del vídeo de “Wanderlust” de Björk, producido en 2007. A continuación, podemos ver el making of de “Me tienes contenta”:

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Joan Riedweg (Videoclips made in Spain VIII)

Realizador afincado en Barcelona, Joan Riedweg es un profesional de amplia trayectoria en el mundo audiovisual, que ha trabajo en todos los campos (publicidad, cine, tv). Según explica él mismo, es un músico frustrado que encontró la forma de consolarse realizando videoclips. Quizá por ello tiene muy claro que las imágenes del videoclip ante todo deben apoyar y potenciar la personalidad del cantante y su canción. Es colaborador habitual de Manolo García (ex El último de la fila), cantante que -quién lo diría!- detesta el videoclip por su capacidad para influir en el significado y lo subjetivo de una canción.


Videoclip de “Un giro teatral” de Manolo García (2011).


Videoclip de “Cacho a cacho” de Estopa (2001), premiado como Mejor Vídeo Musical en la 5ª Ed. de los Premios de la Música que otorgan la Academia de la Música y la SGAE.

Actualmente, Joan Riedweg cuenta con la experiencia de haber realizado más de 150 videoclips y conciertos en directo de artistas como Sabina, Joan Manel Serrat, Antonio Orozco, El canto del Loco, La oreja de Van Gogh, Carlos Núñez, Niña Pastori, Vicente Amigo, Pastora, entre muchos otros.

Larga vida al videoclip

Siendo como soy fiel amante de este género tantas veces condenado a la extinción, me alegra descubrir que se le van encontrando nuevas rentabilidades. Y es que, actualmente, gracias a las nuevas plataformas de difusión, los videoclips musicales se pueden comprar como piezas individuales. En tiendas digitales tipo iTunes, con la misma facilidad con la que se compra una canción, se puede adquirir un videoclip.

¿Habrán incidido estas novedades en la deprimente situación del videoclip español que retrataba el realizador Luis Cerveró en el 2007?

(Imagen tomada de http://www.tucamon.es)

LARGA VIDA AL VIDEOCLIP

Hace cinco años escribí junto a Lope Serrano un largo artículo bajo el pretencioso título de ’Por una cierta tendencia…’ en la desaparecida y muy reivindicable revista ’Scope’. El artículo en cuestión ponía sobre la mesa la desesperante situación del videoclip español, inculpando a todos los sectores que en nuestra opinión la provocaban: las discográficas, los músicos, las productoras, los realizadores, las televisiones y la SGAE. Sin embargo, pese al tono duro, incluso rabioso, el texto fue escrito en un momento de esperanza e ilusión. En 2002, parecía que algo estaba cambiando y el artículo terminaba dando a conocer a una serie de realizadores españoles que, según parecía entonces, iban a importar el fenómeno de directores estrella ocurrido en el mercado anglosajón en los noventa. Ya saben, Spike Jonze, Chris Cunningham, Michel Gondry, etc. De ahí la (ingenua) referencia al célebre artículo de Truffaut.

Han pasado cinco años y nada parece haber cambiado. Es más, me atrevería a decir que las cosas han ido a peor. Pero yo sí he cambiado, y lo que antes me parecía una conspiración judeo masónica para destruir un formato al que adoro, -el vídeo de promoción musical-, ahora me parece lo más normal del mundo. Y ante todo, he aprendido, o la vida me ha enseñado, que es muy triste lamentarse continuamente de la suerte y el destino de las cosas que te importan. Sí, las cosas están mal, pero no es grave y sobre todo, es perfectamente comprensible.

La industria musical, si es que se puede seguir hablando en esos términos, ya no nos necesita. Es una industria herida, mutante y ante todo muy desconcertada. Vivimos tiempos de continuas transformaciones, adaptaciones a nuevos formatos y canales de difusión. Y si bien hay muchas cosas que todavía están por definirse en las nuevas reglas del juego de la promoción, hay una que es clara y meridiana: la música ya no necesita a la televisión.

Es un problema de rentabilidad, y no hay que olvidar que el videoclip nunca fue nada más que un anuncio audiovisual de una canción, por muy sofisticado y artístico que este llegará a ser. Hace ya años que un directivo de una discográfica me dijo que comercialmente era más rentable anunciarse en un autobús que gastarse el mismo dinero en un videoclip. ¿Triste? Pues no, si eres diseñador gráfico. O músico.

En realidad siempre ha sido un misterio la rentabilidad comercial de un videoclip. Y ya hace muchos años que estos se siguen produciendo por una mezcla de inercia y de supuesto prestigio. Si estás en determinado sector de ventas, tienes que tener un video. Si no es así, puede dar la sensación de que no eres lo suficientemente importante en el mercado. Y este sí que es uno de los verdaderos problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad. El único valor de un clip musical, hoy en día, es su mera existencia. No importa ni la idea, ni su factura técnica, ni siquiera si apoya adecuadamente la imagen del grupo. La mayoría de las veces acabará troceado y reencuadrado en un spot de diez segundos para descargarse el politono.

Estoy generalizando, por supuesto, y no hace falta que incida en los peligros de toda generalización. En cualquier caso, el verdadero mal que nos afecta es la falta de criterio y compromiso estético a la hora de encargar un video musical. Pero, de nuevo, es perfectamente comprensible. Las discográficas están mucho más preocupadas en adivinar cuál es el nuevo soporte para la promoción audiovisual de la música (DVD, móvil, iPod, YouTube…) que en supervisar la calidad del producto. Ahora mismo están mucho más pendientes del continente que del contenido. Y nuestra función como realizadores y productores de imágenes es acompañarlas en esos palos de ciego hasta que todo se asiente y llegue el momento de serenarse y centrarse en lo que de verdad importa: la belleza y la coherencia de esas imágenes.

Es verdad que está siendo un momento muy duro, que estamos asistiendo, como realizadores, a verdaderos abusos y desplantes por parte de las discográficas. Cada vez nos pagan menos y peor; asumen nuestra capacidad de hombres orquesta de llevar la cámara, editar y postproducir en casa; nos tratan como cromos intercambiables; nos someten a concursos indignantes para las cifras que se manejan; y muchas veces nos dejan tirados sin ni siquiera llamar para decir que finalmente no se hará el vídeo. Son muchos los casos de compañeros míos de generación que han tirado la toalla, pese a ser amantes del formato, porque se sienten utilizados y ninguneados. Pero todo esto es perfectamente normal, porque, en definitiva, estamos asistiendo a la muerte del videoclip tal y como lo habíamos conocido. Es una lenta y triste agonía. Y nos queda el consuelo de saber que tras la muerte, vendrá la resurrección: ya sea por la web, por el móvil o por el iPod, la música seguirá necesitando de la imagen para su difusión comercial. Yo personalmente no entiendo porque se dice que esto supondrá una reconsideración en cuanto a calidad técnica y presupuestos de producción.

Pero si es así, pues habrá que adaptarse y punto.

Es un aburrimiento total estar siempre anclado en los problemas que afectan a los videoclips de nuestro país. Sí, es cierto, tenemos muchas dificultades, tenemos la colección completa, pero yo propongo dejarlas de lado, ya que hacerles frente es inviable, y seguir apostando por la pasión que, con todo, nos arrastra a seguir creyendo en lo que hacemos. Puede que no sea rentable, puede que no tengamos apoyo y que ni siquiera tenga demasiado sentido seguir con ello. Pero ¿por qué hay que regirse por estos términos comerciales? Hagamos aquello con lo que disfrutamos, dejándonos la piel como idiotas, y puede que incluso consigamos que, un buen día, un videoclip deje de ser tan sólo un jodido anuncio de un single discográfico.

El videoclip ha muerto. Larga vida al videoclip.

(publicado en el Suplemento Culturas de La Vanguardia, 7/2/2007)

Un videoclip unificador

Apuntando a la globalidad y a la multiculturalidad, Macaco presentó este videoclip para su canción Mensajes del agua, el pasado mes de mayo. Codirigido por Ferran Calvó y Xavi Giménez (Goya a la Mejor Fotografía por “Ágora” de Amenábar, 2009), representa la participación simultánea de personas de distintas partes del mundo a través de sus webcams y Google Earth, todo excelentemente coreografiado por Bernat Vilaplana (montador de “El laberinto del fauno” en 2006, y “Hellboy II: The Golden Army” en 2008).

Jonas Akerlund

Reportaje (en inglés y subtitulado en castellano) sobre el realizador sueco Jonas Akerlund, muy conocido y multipremiado por sus vídeos musicales. Es responsable del -en su momento- escandaloso videoclip de Smack my bitch up de Prodigy; o del de Ray of light, considerado uno de los mejores videoclips de Madonna por la cantidad de premios recibidos; o del reciente Celebration, , también de Madonna; My favourite game de The Cardigans; Beautiful day de U2; o Paparazzi de Lady Gaga; por mencionar sólo algunos de los más de 300 que ha dirigido.

Un museo planeó los videoclips de Fangoria

El Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León colaboró en el disco “Arquitectura efímera” de Fangoria, en el 2004, proyectando la elaboración de un DVD que acompañara al CD musical con seis videoclips concebidos y dirigidos por seis artistas: Carles Congost, Christian Jankowski, Ruth Gómez, Martín Sastre, Marina Núñez y Manu Arregui.

El artista catalán Carles Congost realizó el videoclip del primer single del álbum, “Retorciendo palabras”, usando la imaginería adolescente que le caracteriza e inspirándose en la película X-men .

El alemán Christian Jankowski, con la canción “Nadie mejor que tú”, trabajó sobre el concepto de identidad, poniendo la imagen de la cantante Marta Sánchez sobre la voz de Alaska. Contó con la ayuda de la productora StruendoFilmakers.

La vallisoletana Ruth Gómez creó el video de “Interior de una nave espacial abandonada” con técnicas digitales, hablando sobre “la soledad y la imposibilidad de alcanzar lo que se quiere”.

El artista Martín Sastre, uruguayo, dirigió “La mano en el fuego” y creó una historia-homenaje a la magia y la fantasía de los cuentos de hadas, cuyo protagonista es él mismo.

La internacional Marina Núñez, de Palencia, realizó el clip para “El arte de decir que no” (Medusa). Según el artist statement, “frente a las miserias, mentiras, tonterías y tensiones que jalonan nuestra historia, el personaje Medusa (creado por la artista) reacciona diciendo “¡Basta!”.

Y, por último, el artista cántabro Manu Arregui recreó para “Adiós” un viaje en metro para hablar del tránsito emocional en las despedidas, colocando como sujeto protagonista un personaje  elaborado con herramientas de modelado digital (que, por cierto, se le parece mucho…).

Para terminar el post, apunto un par de enlaces para ampliar información: por un lado el making of del videoclip de “Retorciendo palabras” aquí y, por otro, Alaska entrevistando a artistas con los que trabajó (Carta Blanca, La2, 2006) allí.