Archive for the ‘ teatro ’ Category

Álvaro Neil, la sonrisa como moneda de cambio

Aunque no podamos disfrutar de sus espectáculos en directo, bien vale la pena echar una ojeada a los canales de Álvaro Neil, un payaso que lleva más de doce años pedaleando por el mundo sin rumbo fijo para hacer reír a los más desfavorecidos. Ahí van su website, twitter, instagram, facebook, youtube y vimeo. La inspiración está asegurada!

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Álvaro el Biciclown, publicada en su instagram hace dos meses.

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Daniele Finzi, el teatro de la caricia

No siempre se valora el profundo trabajo que hay detrás de ofrecer emoción y fantasía al mundo. A continuación, una preciosa entrevista que le hicieron al director de teatro, autor, coreógrago y clown Daniele Finzi (Lugano, 1964) el sábado pasado con motivo del espectáculo que el Cirque du Soleil ofrecerá en Barcelona a finales de enero del 2012, Corteo. Creada y dirigida por Finzi, ya ha visitado 38 ciudades de siete países y ha recibido la visita de cinco millones de espectadores.

Tengo 47 años. Nací en Lugano, Italia. Casado. Fundé y dirijo la compañía Teatro Sunil, dedicada al clown. Antes los políticos movían el mundo porque tenían experiencia, ahora necesitamos jóvenes con nuevas ideas. Me gustaría mucho creer, pero me pierdo en las certezas.

Daniele Finzi en el backstage (fotografía de http://www.danielefinzipasca.com).

¿Cuál es el eje de su vida?
La ligereza. Y considero que en el caso de las ideas y de los sentimientos, a mayor densidad, mayor ligereza.

Ummm…, no le sigo.
Cuanto más llenos de facetas están una amistad o un amor, más ligeros se vuelven.

¿De eso habla usted?
Yo cuento historias que sanan, y lo que me gustaría despertar es la fe en uno mismo, pero no para desarrollar la fuerza sino valorando la fragilidad. Tengo temas recurrentes como la amistad, que es un motor extraordinario, la sanación y los dioses.

¿Y qué hacen sus dioses?
En muchos de mis espectáculos algo cae del cielo: una lluvia de pollos, o de corchos, como si los dioses estuvieran descorchando botellas y nos cayeran pedazos de fiesta.

Se fue en busca de chamanes por el mundo; ¿descubrió algún secreto?
Trataba de comprender cómo sanaban y descubrí que hay que desarrollar y entrenar la intuición escuchando dentro y fuera. Ese es uno de los talentos de un director.

¿El payaso escucha?
Siente, y danza frente al público una danza de cortejo. Nos especializamos en tomar a la gente entre los brazos y acunarla. No danzamos para que nos vean, danzamos con quien nos mira.

¿Desde cuándo lo sabe?
Desde que lo abandoné todo tras la primera gran pena de amor y me fui como voluntario a cuidar moribundos con la Madre Teresa de Calcuta en India. Ahí cambió mi vida.

¿Qué pasó?
Llegué como un joven clown con la idea de que debía alegrar el mundo, y me di cuenta de que lo realmente necesario es abrazar.

¿Y así nació el teatro de la caricia?
Es fundamental encontrar historias que partiendo del dolor más profundo puedan iluminar, historias que sanen.

¿Por ejemplo?
Cuando mis amigos tienen a su hijo adolescente herido de amor, me lo envían. Yo los compadezco: “Cuando tu primer amor te abandona te sientes morir; todo se acabó para ti”. “¿Cómo lo sabes?”, me preguntan. Y entonces les cuento el gran secreto.

¿Qué secreto?
“A mi tío le pasó lo mismo. ¿Y sabes el vecino de arriba, el del perrito?… También le pasó. A la cajera del súper, la rubia guapa, también. De hecho todo el barrio está herido de amor, pero todos nos hemos salvado”.

Inteligente.
Cuando se levanta el telón y miro a platea, sé que por lo menos el diez por ciento sufre de amor, seguro.

¿Ha entendido por qué?
Porque los dioses son fantásticos dramaturgos y para contarse historias entre ellos o interesarnos a nosotros, títeres en esta aventura, escriben dramas extraordinarios. Si todo es perfecto, no interesa a nadie.

A mí me encantan los cuentos de hadas.
Siempre hay un ogro.

Pero es vencido.
Estoy de acuerdo. Creo en esas historias y en que hay que decirles a los niños: pasarás por bosques oscuros, pero vencerás.

La fantasía está desprestigiada.
La física dice que todo es apariencia.

¿Cómo será la realidad?
Para mí es lo que podemos contar. No estamos seguros de nada, sólo de lo que podemos contar, por eso creo que es tan importante tomarnos un tiempo para contarnos quiénes somos. Así construimos.

¿Nuestra propia historia?
La del universo.

¿Qué se cuenta usted?
Me repito tres preguntas: de dónde vengo, adónde voy y qué cenaré esta noche, y cada día encuentro respuestas diferentes.

¿Adónde quiere llegar?
Atrás.

¿?
Cuando uno contempla un atardecer, quiere regresar a algún lugar que no sabe dónde está ni cómo es. Es el lugar del que venimos.

Nostalgia.
La nostalgia te impulsa hacia delante. Los nostálgicos descubrieron tierras nuevas. Y son los que levantan una copa para brindar y agradecer el momento presente porque saben que no volverá.

Admirable lucidez.
A mí me fascina la amabilidad, esas personas delicadas que tocan las cosas como si intuyeran su alma. Lo ves a veces en los hospitales: personas con esa extraña amabilidad incluso con los cadáveres. Esa gente me tiene a su merced, es un talento ante el que no tengo defensa.

Bromeando y riendo, Polichinela te dice la verdad.
Polichinela es un sofista, un malabarista de las ideas. Para mí ser clown consiste en la capacidad de poner en duda. A mí la gente que duda, el político que duda, me da mucha más tranquilidad.

Curioso.
La duda no es mentirosa, la duda busca respuestas, la duda es flexible.

¿No tiene ninguna certeza?
Sí, pero me duran muy poco.

¿Siempre en el laberinto?
El laberinto no es una trampa, es un viaje hacia el interior de uno mismo. Para encontrarse hay que perderse. Para avanzar, crecer, las certezas no sirven. Hemos de perdernos, una, diez, cincuenta veces al minuto para no quedarnos en la piel de las cosas. Cuanto más se pierde uno, más puertas abre.

por Ima Sanchís para La Contra de La Vanguardia, 17/12/2011

Jacques Trudeau, titiritero

Jacques Trudeau por Mané Espinosa

Interesante entrevista al titiritero canadiense Jacques Trudeau con motivo del TOT Festival de Titelles i Teatre d’Objectes de Barcelona que se celebró la semana pasada, publicada en La Contra de La Vanguardia.

Tengo 62 años. Nací y vivo en Montreal (Canadá), pero mi oficina está en Francia, en Charleville- Mézières, la ciudad del títere, desde que soy secretario general de la Unima. ¿Política? Respetar todas las culturas. Creo en la energía global, que está en cada humano, animal y objeto.

Este hombre tímido, secretario general de la Unión Internacional de la Marioneta (Unima), se ha pasado 20 años con una capucha siendo Bilbo, el hobbit de El señor de los anillos, y estremeciendo al público con su adaptación de los cuentos eróticos de los indios de Canadá, recuperando sus fantásticas máscaras y sus leyendas. Actuaron ante ellos y el gran elogio fue: “¡Ahora entiendo lo que decía mi abuela!”. La obra recibió infinidad de ofertas de todo el mundo. “Fue increíble ver como a través de una cultura que se estaba muriendo surgieron valores profundos que todos entendemos”. Pero para Jacques hay algo fundamental: “No tomarse demasiado en serio, porque eso nos crea conflictos”.

Títeres con alma?

Seguro, cada personaje tiene su alma; y es más: el títere ayuda al titiritero a encontrar su propia alma.

Cuénteme.

… Porque aunque nosotros lo manipulemos, él nos empuja, nos da la fuerza cuando estamos realmente involucrados en el personaje; así que ¿quién manipula a quién?

¿?

Yo me he sorprendido muchas veces, el títere me ha hecho hacer cosas que ni siquiera se me habían ocurrido.

¿Y le ha ocurrido muy a menudo?

He trabajado durante 40 años en la compañía Théâtre sans Fil, manipulando títeres de uno a cuatro metros de altura. La familia Tolkien nos cedió los derechos para adaptar la gran obra de El señor de los anillos antes de que se llevara al cine.

¿Cuál era su personaje?

El hobbit. Lo manipulé 1.200 veces por todo el mundo y jamás hubo dos funciones iguales. El mago Gandalf escoge a Bilbo, un hobbit muy convencional, para devolver el anillo de poder al fuego y que se acaben las guerras, pero…

… No me cuente el libro, Jacques.

¡Es que he pasado 20 años haciendo ese personaje y me fascina!, y he acabado pareciéndome a él. Me dio la humanidad de saber escuchar, de estar muy presente.

Fue usted quien le dio la personalidad.

No se engañe, un títere es la encarnación de un carácter y tiene su personalidad más allá del que mueve los hilos, por eso no es baladí esa pregunta de quién manipula a quién. Y en la vida ocurre lo mismo.

¿A qué se refiere?

¿Qué parte de mí está manipulando en estos momentos mis palabras, mi sentir, mi vida?… Muy pocas veces tenemos consciencia de ello. Déjeme que le cuente un espectáculo holandés que me fascinó.

Adelante.

El títere se da cuenta de que muy por encima de su cabeza hay un manipulador moviendo los hilos de su vida, así que trepa por los hilos y trata de matarlo porque quiere ser libre. A menudo nuestra vida es así: todos queremos ser libres y sabemos que hay hilos que nos mueven. Si somos conscientes podemos romperlos.

Pero siempre aparecen nuevas manos invisibles dispuestas a tejer nuevos hilos. Ya ve.

El títere es símbolo del ser humano.

Sí, somos seres frágiles como él en un mundo que no siempre controlamos. Pero nos esforzamos por controlar nuestra propia vida, de la misma manera que el titiritero trata de controlar su títere.

Entiendo.

He pasado cuarenta años de mi vida con la cabeza cubierta por una capucha negra, nadie me conocía, la estrella era el personaje. Al actor la gente lo reconoce, al titiritero nadie lo reconoce.

Usted ha formado parte de los dos mundos.

Abandonar al actor fue una liberación. En la personalidad del actor hay algo extremadamente frágil porque está siempre representando: incluso cuando no actúa es su propio personaje. Pero fíjese en el bunraku.

Milenario arte japonés.

Un títere de un metro con gran expresividad: se le mueven los ojos, la boca. El maestro invierte 15 años en realizarlo y lo mueve anónimamente; sólo cuando ya es un gran maestro descubre su rostro. En 1660 era el arte más reconocido en Japón y, de hecho, el kabuki (teatro japonés) imita a esos títeres.

¿Muere el teatro de títeres?

Hay un renacer. Ahora con la crisis los jóvenes están desarrollando nuevas formas, está naciendo un teatro de títeres con objetos.

Muy representativo.

Sí, todos los objetos que están en su mundo cotidiano aparecen en el del títere, objetos que toman vida y que se adaptan a pequeños espectáculos muy imaginativos. Y es curioso porque hacen títeres sin cuerpo, cabezas con manos, pies… el cuerpo está dividido como nuestra cabeza.

Da que pensar.

El arte es siempre un espejo. Y es muy interesante construirse uno mismo un títere porque siempre el primero es la proyección de ti mismo.

¿La crisis favorece el arte?

Creo que sí, aunque decir esto es duro. Compañías importantes que habían sido durante años subvencionadas tienen que volver a empezar hoy de cero: si te lo tomas bien… Hay que escuchar los signos de la vida, porque de repente los vientos cambian y a veces viene un huracán. Hay que estar preparado y la mejor manera es viviendo en el presente.

Luchando pero sin lamentarse.

A mí me emociona cómo reacciona un niño frente a un títere: se llena de alegría como si reconociera a un semejante. Y eso es lo que un títere, capaz de emocionar, le da a un adulto: le devuelve sensaciones de la infancia, recupera lo que tiene de sagrado la infancia.

¿Y qué es?

La apertura al mundo. Permítame que le cuente mi historia favorita.

La de un hombre que tiene un niño dentro y que no quiere que se muera. Para mantenerlo con vida, cada noche le cuenta una historia. Porque son las historias las que nos hacen crecer.

Una de marionetas

Escena de la obra “L’alé dels fils” (“El aliento de los hilos”) de la reconocida compañía de Jordi Bertrán (imagen: lacosta comunicación).
Otra de las marionetas que aparece en “L’alé dels fils” de Jordi Bertrán (imagen: lacosta comunicación).

Àlex Rigola, director teatral de la Bienal de Venecia

(publicado en La Vanguardia)

Más sobre La Biennale di Venezia, por aquí.

Les Colporteurs

Les Colporteurs es una compañía francesa de funambulistas que combina circo, danza, teatro y música, fundada en 1996 por Agathe Olivier y Antoine Rigot. En el vídeo siguiente podemos ver fragmentos de su espectácuo ‘Le fil sous la neige’ (El hilo bajo la nieve) creado en el 2006 y todavía representado en distintos países.

“Sí, hace seis años… Hace seis años… Hace seis años casi pierdo la vida… De hecho nos estábamos entrenando en la playa, a medias dentro del agua, y de repente… Un mal reflejo, me caigo sobre la cabeza… Y después soy como un saco de arena… Ya está… Sí, aquel día todo cambió… Hacía veinte años que corría por la cuerda floja… Hacía veinte años que era funámbulo.” (Traducción de la voz en off del vídeo, donde Antoine Rigot recuerda el accidente que casi le cuesta la vida y lo dejó paralizado)

Bajo la carpa cuelgan siete cables entrecruzados a una altura diferente cada uno, por donde discurren los artistas solos, en dúos, o, “más difícil todavía”, todos juntos sobre la misma cuerda. El humor, la sensibilidad y la poesía brillan junto a la destreza técnica, a través de una coreografía aérea que “habla de los retos que pone la vida en nuestro camino”, tal y como explican sus creadores.

Más de Les Colporteurs, por aquí.

Arte y sociedad

Nacho Cano en su domicilio, por Bernardo Doral para Elle.

En el último número de la revista Athanor, el músico Nacho Cano ha manifestado su convicción en el papel decisivo que tiene el arte en la mejora de la sociedad:

El arte requiere una serie de componentes que tiene mucho que ver con el respeto. Por ejemplo, el artista materializa emociones o sensaciones; y tiene que estar muy atento para percibir esas sensaciones y materializarlas. Cuando estás muy atento, escuchas más. Cuando escuchas más, respetas más. Con lo cual creo que fomentar el arte es fomentar el respeto.