La belleza según Mapplethorpe

“Ken Moody”, 1983 (Robert Mapplethorpe)

Visitar The Robert Mapplethorpe Foundation.

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Valorando el patrimonio fotoperiodístico nacional

En el blog Punto de lectura de La Vanguardia, el periodista Enric Castelló escribe hoy sobre el fotógrafo catalán Agustí Centelles, cuyas imágenes de la guerra civil española supo proteger y dar a conocer internacionalmente en su momento. Reproduzco a continuación el artículo, pues además de que es interesante, comparto algunas reflexiones del autor, como la de que es necesario valorar adecuadamente (es decir, sostener) a los creadores de nuestro patrimonio cultural. Afortunadamente, respecto a Centelles, parece que el reconocimiento está encaminado.
19 de juliol, 1936. Carrers de Roger de Llúria i Diputació, Barcelona. (Arxiu Agustí Centelles)

19 de juliol, 1936. Carrers de Roger de Llúria i Diputació, Barcelona. (Arxiu Agustí Centelles)

EL CAZADOR DE IMÁGENES
Enric Castelló | 22/07/2009 – 11:46 horas

Agustí Centelles (Grao de Valencia 1909 – Barcelona 1985) es una figura aún poco reconocida en Cataluña y en España. Hay pocas obras que hablen de él y menos que reproduzcan sus instantáneas. Teresa Ferré es una de las investigadoras que más sabe del fotógrafo y de su producción: lleva un montón de años estudiándolos. Explica que mientras cursaba sus estudios de doctorado conoció al hijo de Centelles, quien le dejó un dietario inédito del padre para que lo analizara. Ferré terminó la tesis doctoral, ayudó a montar una exposición titulada Les vides del fotògraf (2006) y ahora prologa y anota el dietario recientemente publicado.

A mi me fascinó este caso. Suelo comentar con algunos compañeros que este es un ejemplo típico de aquí. En un país más preocupado por su historia cultural –pongamos Inglaterra, Francia o Alemania–, pienso que este dietario hace tiempo que habría estado recuperado, la figura de Centelles trabajadísima, habría una veintena de libros divulgativos y académicos, seguramente algún curso monográfico estable, sin duda habría habido alguna producción de calidad para la televisión, un reportaje o documental, no una sino diversas exposiciones y muchos más reconocimientos –Centelles es Premio Nacional de Artes Plásticas 1984. El dietario del fotógrafo tiene un valor indiscutible. Está dedicado a su hijo y se relatan las vivencias de su exilio y reclusión en los campos de concentración de Argelers y sobretodo de Bram. El valor es más periodístico que puramente literario; el hecho de dejar constancia de la huída, del trato recibido por las autoridades francesas –a menudo vejatorio-, del dramatismo de las precarias condiciones de vida, de los sentimientos de los derrotados. La redacción tiene un tono de crónica, a veces telegráfica, mezclada con la narración del sufrimiento producido por la separación de la mujer y el hijo (traducciones nuestras a partir del original en catalán): “Hoy a las diez y media de la mañana, mi hijito ha cumplido dos años. Tengo el corazón dolido por no poder estar a su lado, abrazarle y besarle y desearle muchos años de vida y más suerte de la que yo he tenido (31 de julio 1939).

Huir del gregarismo

Es de gran interés el resumen biográfico que Centelles decide escribir una vez en Bram (20 de abril de 1939). Explica en él su procedencia (padre de Llíria, Valencia, y madre de La Morera –entendemos de Montsant, en Tarragona), y como despunta en el mundo del fotoperiodismo. Relata su actitud de desmarcarse de lo que hacían los otros profesionales: “Allí donde sabia que los otros irían yo no iba, en cambio llevaba al periódico fotos de las cosas que para un periódico representaban el complemento de la página gráfica, que daban vida y se apartaban de la corriente, de la monotonía”. Gran lección que los periodistas noveles deberían tener en cuenta. La gracia de Centelles estuvo en dejar testimonio gráfico de todo aquello que los periódicos dejaban de lado pero era de gran interés.

La forma cómo se trabajaba el reportaje gráfico en los años treinta es toda una curiosidad hoy en día. El reportero no sólo tenía que cargar con una pila de material, se tenia que informar de los lugares donde habrían actos, tenía que moverse por sus propios medios –a menudo a pie o en trasporte público si no disponía de coche o moto. Y Centelles tenia dos virtudes muy valiosas; en los actos protocolarios siempre intentaba como él dice “cazar la nota viva”, es decir, evitar la foto protocolaria y fijarse en aquello desapercibido pero altamente significativo; y por otra parte hacer fotografía política y estar en todos las reyertas y actos políticos posibles. “Me he valido de trucos para entrar donde estaba vedado a los chicos de la prensa”, comenta.

Un legado excepcional

Exiliado y recluido en Bram, Centelles instala un pequeño estudio improvisado en la barraca 62 del campo de concentración, donde malvive con un grupo de compañeros. Durante seis meses capta imágenes sobre la vida cotidiana de los presos; escenas de higiene personal, de tareas como la preparación de la comida o la reparación y limpieza de instalaciones, tiempo de ocio y descanso, retratos… Son instantes descriptivos y a la vez preñados de denuncia de la situación en que viven.

Por suerte, paralelamente al dietario pero inexplicablemente en otro volumen, se ha publicado una selección de estas fotos en La maleta del fotògraf. Centelles explicita en los escritos que hace fotoreportaje “para acompañar ” el diario –o que aún justifica más que las imágenes y el diario se tengan que leer como un solo texto, forman parte de una unidad. Teresa Ferré indica que “el aspecto que hace extraordinario y único el legado de Agustí Centelles es el hecho que él mismo era uno de los miles de detenidos en aquellas instalaciones”. Creo que está en lo cierto y esta condición del fotógrafo, al mismo tiempo preso, traspasa en cada imagen. La distancia entre el fotógrafo y lo que retrata se ha esfumado. Si bien podemos encontrar material gráfico sobre los campos de concentración en Francia, estas fotos de Centelles son excepcionales por haber estado tomadas y reveladas en el campo y por uno de los presos. Una mirada desde dentro.

Más ensayo, deseable

Si he de decir alguna cosa que encuentro a faltar tanto en el diario como en el volumen de fotografías seria un poco más de ensayo interpretativo: más datos sobre Centelles, más contexto sobre su obra, su significación y valor. El volumen con las imágenes lleva dos ensayos introductorios breves –uno de Francesc Espinet y Joan Manuel Tresserras, y otro de Teresa Ferré– que he encontrado acertados pero que no tienen el objetivo de ofrecer un estudio consistente sobre el autor y, en consecuencia, te dejan con ganas de más. El escrito introductorio del dietario es un simple relato de Ferré, mezclado con los agradecimientos oportunos, sobre cómo topó con el escrito. El material del dietario es todo un hallazgo que cabe celebrar, pero entiendo que queda pendiente una obra definitiva de Centelles para un público amplio. La condición de fotógrafo ayudó a Centelles a salir del campo y a poder seguir ganándose la vida primero en Francia, más tarde en Barcelona. Según relata Ferré en una nota final al dietario, en Carcasona Centelles formó parte de la Resistencia contra los nazis. Pero en el año 1944 tuvieron lugar detenciones por parte de la Gestapo y huyó a Cataluña. Se instaló en Reus donde trabajó en un horno de pan hasta que a finales de los cuarenta reinició su tarea como fotógrafo, ahora industrial y publicitario. Centelles fue por suerte celoso de su archivo, que restó guardado en Carcasona. Tras la muerte de Franco, volvió a por él y fue expuesto.

La aparición de estas dos novedades editoriales este año, setenta aniversario del fin de la Guerra Civil y centenario del nacimiento de Agustí Centelles, es un gran acierto.

A continuación, un breve reportaje sobre la exposición que programó el Palau de la Virreina (Barcelona) en 2007, la cual fue visitada por más de 30.000 personas e inspiró otras exposiciones, la última de las cuales puede verse actualmente en Paris.

Aparte de los libros que se mencionan en el artículo e Internet, puede encontrarse más información sobre Agustí Centelles y sus fotografías en otros dos libros publicados anteriormente, Agustí Centelles: la lucidez de la mejor fotografía de guerra (T.F. Editores, 1999) y Agustí Centelles (Photobolsillo, La Fábrica, 2006) . Además existe un documental realizado por una productora catalana hace varios años (antes del “boom” Centelles), pero no consigo dar con él…

30 de noviembre 2009: Hay novedades (1 y 2) respecto al destino del valioso archivo fotográfico de Centelles.

El cazador de imágenes
Enric Castelló | 22/07/2009 – 11:46 horas

Enric Castelló Agustí Centelles (Grao de Valencia 1909 – Barcelona 1985) es una figura aún poco reconocida en Cataluña y en España. Hay pocas obras que hablen de él y menos que reproduzcan sus instantáneas. Teresa Ferré es una de las investigadoras que más sabe del fotógrafo y de su producción: lleva un montón de años estudiándolos. Explica que mientras cursaba sus estudios de doctorado conoció al hijo de Centelles, quien le dejó un dietario inédito del padre para que lo analizara. Ferré terminó la tesis doctoral, ayudó a montar una exposición titulada Les vides del fotògraf (2006) y ahora prologa y anota el dietario recientemente publicado.

A mi me fascinó este caso. Suelo comentar con algunos compañeros que este es un ejemplo típico de aquí. En un país más preocupado por su historia cultural –pongamos Inglaterra, Francia o Alemania–, pienso que este dietario hace tiempo que habría estado recuperado, la figura de Centelles trabajadísima, habría una veintena de libros divulgativos y académicos, seguramente algún curso monográfico estable, sin duda habría habido alguna producción de calidad para la televisión, un reportaje o documental, no una sino diversas exposiciones y muchos más reconocimientos –Centelles es Premio Nacional de Artes Plásticas 1984. El dietario del fotógrafo tiene un valor indiscutible. Está dedicado a su hijo y se relatan las vivencias de su exilio y reclusión en los campos de concentración de Argelers y sobretodo de Bram.. El valor es más periodístico que puramente literario; el hecho de dejar constancia de la huída, del trato recibido por las autoridades francesas –a menudo vejatorio-, del dramatismo de las precarias condiciones de vida, de los sentimientos de los derrotados. La redacción tiene un tono de crónica, a veces telegráfica, mezclada con la narración del sufrimiento producido por la separación de la mujer y el hijo (traducciones nuestras a partir del original en catalán): “Hoy a las diez y media de la mañana, mi hijito ha cumplido dos años. Tengo el corazón dolido por no poder estar a su lado, abrazarle y besarle y desearle muchos años de vida y más suerte de la que yo he tenido (31 de julio 1939).

Huir del gregarismo

Es de gran interés el resumen biográfico que Centelles decide escribir una vez en Bram (20 de abril de 1939). Explica en él su procedencia (padre de Llíria, Valencia, y madre de La Morera –entendemos de Montsant, en Tarragona), y como despunta en el mundo del fotoperiodismo. Relata su actitud de desmarcarse de lo que hacían los otros profesionales: “Allí donde sabia que los otros irían yo no iba, en cambio llevaba al periódico fotos de las cosas que para un periódico representaban el complemento de la página gráfica, que daban vida y se apartaban de la corriente, de la monotonía”. Gran lección que los periodistas noveles deberían tener en cuenta. La gracia de Centelles estuvo en dejar testimonio gráfico de todo aquello que los periódicos dejaban de lado pero era de gran interés.

La forma cómo se trabajaba el reportaje gráfico en los años treinta es toda una curiosidad hoy en día. El reportero no sólo tenía que cargar con una pila de material, se tenia que informar de los lugares donde habrían actos, tenía que moverse por sus propios medios –a menudo a pie o en trasporte público si no disponía de coche o moto. Y Centelles tenia dos virtudes muy valiosas; en los actos protocolarios siempre intentaba como él dice “cazar la nota viva”, es decir, evitar la foto protocolaria y fijarse en aquello desapercibido pero altamente significativo; y por otra parte hacer fotografía política y estar en todos las reyertas y actos políticos posibles. “Me he valido de trucos para entrar donde estaba vedado a los chicos de la prensa”, comenta.

Un legado excepcional

Exiliado y recluido en Bram, Centelles instala un pequeño estudio improvisado en la barraca 62 del campo de concentración, donde malvive con un grupo de compañeros. Durante seis meses capta imágenes sobre la vida cotidiana de los presos; escenas de higiene personal, de tareas como la preparación de la comida o la reparación y limpieza de instalaciones, tiempo de ocio y descanso, retratos… Son instantes descriptivos y a la vez preñados de denuncia de la situación en que viven.

Por suerte, paralelamente al dietario pero inexplicablemente en otro volumen, se ha publicado una selección de estas fotos en La maleta del fotògraf. Centelles explicita en los escritos que hace fotoreportaje “para acompañar ” el diario –o que aún justifica más que las imágenes y el diario se tengan que leer como un solo texto, forman parte de una unidad. Teresa Ferré indica que “el aspecto que hace extraordinario y único el legado de Agustí Centelles es el hecho que él mismo era uno de los miles de detenidos en aquellas instalaciones”. Creo que está en lo cierto y esta condición del fotógrafo, al mismo tiempo preso, traspasa en cada imagen. La distancia entre el fotógrafo y lo que retrata se ha esfumado. Si bien podemos encontrar material gráfico sobre los campos de concentración en Francia, estas fotos de Centelles son excepcionales por haber estado tomadas y reveladas en el campo y por uno de los presos. Una mirada desde dentro.

Más ensayo, deseable

Si he de decir alguna cosa que encuentro a faltar tanto en el diario como en el volumen de fotografías seria un poco más de ensayo interpretativo: más datos sobre Centelles, más contexto sobre su obra, su significación y valor. El volumen con las imágenes lleva dos ensayos introductorios breves –uno de Francesc Espinet y Joan Manuel Tresserras, y otro de Teresa Ferré– que he encontrado acertados pero que no tienen el objetivo de ofrecer un estudio consistente sobre el autor y, en consecuencia, te dejan con ganas de más. El escrito introductorio del dietario es un simple relato de Ferré, mezclado con los agradecimientos oportunos, sobre cómo topó con el escrito. El material del dietario es todo un hallazgo que cabe celebrar, pero entiendo que queda pendiente una obra definitiva de Centelles para un público amplio. La condición de fotógrafo ayudó a Centelles a salir del campo y a poder seguir ganándose la vida primero en Francia, más tarde en Barcelona. Según relata Ferré en una nota final al dietario, en Carcasona Centelles formó parte de la Resistencia contra los nazis. Pero en el año 1944 tuvieron lugar detenciones por parte de la Gestapo y huyó a Cataluña. Se instaló en Reus donde trabajó en un horno de pan hasta que a finales de los cuarenta reinició su tarea como fotógrafo, ahora industrial y publicitario. Centelles fue por suerte celoso de su archivo, que restó guardado en Carcasona. Tras la muerte de Franco, volvió a por él y fue expuesto.

La aparición de estas dos novedades editoriales este año, setenta aniversario del fin de la Guerra Civil y centenario del nacimiento de Agustí Centelles, es un gran acierto.

Roger Olmos, ilustrador

Os invito a conocer la obra de este genial ilustrador catalán.

Roger Olmos, portada de disco de jazz

Roger Olmos, portada de disco de jazz

Roger Olmos, Faro

Roger Olmos, Faro

Roger Olmos, Spaguettis a la Boloñesa

Roger Olmos, Spaguettis a la Boloñesa

Fotógrafo catalán expone en Bangkok

Xavier Comas

Xavier Comas

Los silencios elocuentes de los Pasajeros del metro de Tokio y la finura sensual de las bailarinas Juitamai, mostrados a través del objetivo del fotógrafo catalán Xavier Comas (39 años), han llegado a Bangkok en una muestra que se exhibirá hasta el 31 de julio en el hotel Grand Millennium de la capital tailandesa.

La exposición, titulada “Kokoro to kokoro” (“De corazón a corazón”, en japonés), se incluye dentro de un programa dedicado a la gastronomía, el arte y la cultura de España organizado en colaboración con la Embajada.

Más detalles aquí.

Entrevista a Marta Carrasco, creadora e intérprete de danza-teatro

En el portal vasco de artes escénicas Artez, encontré una interesantísima entrevista que le hicieron a la bailarina Marta Carrasco en abril del 2007 (entrevista realizada por Carlos Gil). Al final del post, añado un enlace a un vídeo de TV3 en el que la artista realiza un repaso de su trayectoria y explica sus vivencias de la danza-teatro.

“No concibo hacer teatro si no es para comunicarte”

Esta conversación tiene lugar a la mañana siguiente del acto de acogida de los nominados a los Premios Max que cada año realiza el ayuntamiento de Madrid con su alcalde a la cabeza. Marta Carrasco es una de las asiduas a estas ceremonias. Son muchos años seguidos los que la profesión la coloca en las listas de más votados. Este año está nominada para recibir cinco posibles estatuillas del deseo diseñadas por Joan Brossa.
La cafetería del Círculo de Bellas Artes de Madrid está en calma, todavía no han empezado a llegar los comensales del menú. Estamos en un ambiente sereno rodeados de conocidos cineastas, artistas pintores y actrices que aprovechan esas mesas y la luz natural que entra por los enormes ventanales para leer guiones, devora periódicos, cerrar acuerdos o para iniciar proyectos.
Tras las frases rituales, hablamos del gran momento que atraviesa, especialmente porque su último trabajo J’arrive…! tiene más de cuarenta actuaciones programadas, algo inusual para la danza-teatro. Surgen, con buena lógica las opiniones sobre la misma fiesta de la noche anterior y la real influencia y valor de los Premios Max como incentivo para encauzar una carrera o la vida de un trabajo.

por Borja Relaño

por Borja Relaño

¿Qué tal sienta estar nominada a cinco Max?
Primera impresión. Sea donde sea que estés nominada para recibir unos premios, por lo tanto que te están valorando, te sienta bien. Y quien diga lo contrario, me parece que miente. Te sienta bien. Te sienta más bien que mal. Luego puede ser, sí puede ser que a nivel de programadores, o de algunos programadores, al estar tan nominada, sí que se lo miran más, o se vuelven a mirar aquel dossier que tienen en la mesa. No obstante con el J’arrive…! ha sucedido mucho antes. No nos había ocurrido nunca, pero desde hace dos meses tenemos que ir diciendo que no tenemos fechas. No tenemos fechas hasta noviembre que viene. No me había pasado nunca antes tener cuarenta y cinco funciones. En mi gremio esto no existe. No.

Por cierto, para marcar mejor el terreno, ¿de qué gremio hablas?
Llámale teatro-danza, en el no texto, ¿te parece así? Yo no he encontrado el nombre claro. Llamémosle teatro-danza, danza-teatro, teatro físico, ¿cómo quieres llamarle?

¿Cómo lo llamas tú?
Yo no me defino porque no sé el nombre.

¿Tu formación de dónde viene?
De la danza, del teatro y de la música.

¿Tú dónde te encuentras más a gusto?
Me siento más dirigiendo que no coreografiando. Así es como lo veo yo. Me siento mucho más intérprete que bailarina. In-tér-pre-te, que no actriz.
Hay una corriente de creadores que no quiere que se les coloque una etiqueta.
Hace tiempo que existe esa sensación de no querer que te clasifiquen: arte escénico. Es Teatro, hacemos teatro. Pero al decir hacemos teatro no nos estamos refiriendo a hablar, ¿verdad que no?

Yo, si veo una flor, un paisaje, algo que me impresiona, me salen palabras, ¿cómo haces para que tus emociones se conviertan en imágenes?, ¿existe una técnica, un sistema?
Cada uno tiene su manera, su fórmula, sus recetas. Desde luego, hay cosas que te estimulan o no. Yo, seguro que en el centro de todo lo que hago, está el ser humano. Bueno, supongo que todos los seres humanos que hacemos teatro, pensamos en los seres humanos, ¿de qué hablamos si no es del ser humano? El teatro se hace, se basa, se sustenta, en el comportamiento del ser humano. Esto es una obviedad. Claro. Ahora yo me pregunto, ¿al subirte a un escenario uno de tus objetivos debe ser comunicarte, o no?

Yo pienso que el hecho teatral es un acto de comunicación. ¿Estás segura de que todos los coreógrafos lo entienden así?
No. Ah, pues ahí es donde tengo una gran batalla, porque yo sí. No sólo lo defiendo sino que no concibo hacer teatro si no es para comunicarte.

Claro, es que si no, es mirarte el ombligo, yo acostumbro a decir que soporto esos espectáculos porque tengo mucha vida interior…
Coño. Exactamente. Bueno vamos a otras cosas que no quiero hablar mal de los demás.

Estamos intentando hablar de tu arte, de tu profesión, de tus referencias.
Estoy en contra del ‘no te ha gustado porque no entiendes’. Estoy, muy, muy en contra. En primer lugar tú, director, coreógrafo, directora, tienes que esforzarte para que entienda y en cualquier caso darme la clave como espectadora para que entre en tu mundo. Dame la clave. Si no se trata de entender, sí se trata de que entre. Y ésa es responsabilidad mía, como directora o autora, y no del espectador que venga con su manual.

¿Tú cómo te consideras respecto a la autoría de tus trabajos, qué método utilizas por ejemplo con los textos?
Mi relación con los textos es muy dispar, pueden ser poesías, frases hechas, textos sacados de la calle, de la consulta del médico. Todo aquello que se me queda en la vida.

Vamos por partes, ¿cuándo te interesas por la danza?
Pues como en casi en todo, tarde y mal. Tenía diecisiete años, y era pianista en un grupo de rock sinfónico, para desgracia familiar. Además yo era muy deportista, una persona siempre muy sana.

¿Deportista aficionada o competitiva?
Bueno, mi tío Jordi montó un club de tenis en Sant Pol de Mar y me llevaba a jugar, y acabé jugando el campeonato de España infantil. No me comí una rosca, pero bueno, cuando llegas a un nivel de estos, pues mira. Quiero decir con todo esto que lo de la disciplina y lo de la tozudez es algo que viene de lejos. Total, una amiga me lleva a un estudio de danza con casi dieciocho años. Están haciendo allí una clase de jazz con músicos en directo y yo llego y me quedo absolutamente obnubilada, casi me desmayo de la emoción.

Y en vez de ponerte a improvisar con los músicos, te saltó la vocación…
Me quedé petrificada. Pensé, ¿esto qué es? ¡Qué maravilla! ¡Qué gustazo! Y nada, me puse a trabajar para pagarme las clases. De camarera, haciendo encuestas, en supermercados, haciendo publicidad. En mi casa no había pasta para ésto.

Bueno sí sabías música, algún gustito artístico había en tu casa.
No, éso fue porque el novio de mi hermana me regaló un órgano electrónico. Yo pertenezco a una familia de nombre, muy burguesa, pero cuando yo nací, soy la última de cinco hermanos, ya no había dinero. Era una familia venida a menos. Pero sí que hubo mucha lucha. Y cuando me planté delante de mi padre y le dije “Pare, vull ballar” (“Padre, quiero bailar”), se le puso la cara como si le hubiera dicho que quería ser yonqui. Mi padre era muy mayor y yo tenía 20 años.

¿Qué tenían proyectado para ti?
Cualquier otra cosa. Mis hermanas estaban bien casadas, mujeres con carreras que las habían dejado para tener sus hijos, cosa que me parece bien, porque el oficio de ser madre es difícil. Eso sí que no me atrevería a ser nunca.

Así que asistes a la clase de jazz y decides que quieres bailar.
Exacto, pero sin verbalizarlo, que es más fuerte todavía.

¿Y empiezas a tomar clases?
Primero me entero de qué es lo que hay. Y empiezo en el estudio de Anna Maristany y Anna Maleras. Y un año después en el Instituto del Teatro. A saco, Paco. Pero a saco. La guerra. Me presento a las pruebas y la anécdota que siempre cuento porque me parece un prejuicio escandaloso que puede hacer mucho daño a alguien que empieza y que por lo tanto es muy vulnerable, es que me dijeron: ‘Contigo dudamos porque tienes aspecto de haber tenido una vida fácil y no te lo tomarás en serio’. O sea, tienes pinta de pija.

Una discriminación…
Muy fuerte y todo era porque al menos en Barcelona, si no llevabas el pelo muy rapado, o las camisetas lo suficientemente rotas, no podías mezclarte con ellos. El esnobismo existía entre ellos. Era como si la gente de la danza contemporánea tuviera que llevar un distintivo que dijera, ‘Hola, somos raros’. Y yo no era nada, ni les gustaba mi cara, o mi coleta, pero yo sí que veía el look y la estética que se llevaba y no coincidía.

Vengo escuchando muchas historias sobre discriminaciones y ciertas vejaciones en estudios, escuelas y compañías de danza, ¿qué hay de cierto?
Desgraciadamente hay demasiadas barbaridades. Yo he trabajado con un coreógrafo que ha muerto de cáncer no hace mucho, que maltrataba. Pero el maltrato es muy habitual. A mí no me ha ocurrido en el Instituto del Teatro porque no me dejé. El ser déspota, el humillar para enseñar o para…

…dirigir...
…éso también lo he visto.

¿Tú estás vacunada?
No sacas nada de la gente. Para empezar, lo más importante: no hace falta tratar mal a nadie. Soy impaciente y exigente. Pero de éso a humillar… Yo que sí he trabajado, de verdad, y me gusta mucho colaborar con directores de escena, ésto lo he visto, vaya si lo he visto.

Parece que existe una nefasta escuela de directores que cuando pierden la seguridad, lo intentan solucionar a gritos…
Claro, el problema es cuando pierden su seguridad, pero vamos, si yo soy impaciente, y si yo tuviera que poner un defecto mío que indudablemente tengo muchos más, como todos, ese sería que yo soy muy impaciente y me lleva a que en un momento del proceso de creación, con todas las tensiones que se acumulan, me salga una ansiedad y reclame con algo de genio porque algo no está todavía.

Hablas de humillar, de hundir a alguien, ¿dónde lo has vivido, en la escuela, en compañías, o dónde?
Lo he visto. En la escuela, no. Pero no me parece un buen método para nada. (Silencio)

Antes has dicho una palabra muy bonita, hoy algo controvertida, que se puede interpretar mal: disciplina.
Disciplina y constancia. Está muy relacionada con el cuerpo y al cuerpo hay que mimarlo mucho e ir a favor siempre del cuerpo, siempre, que en este ‘metier’ no siempre se entiende así, y más si hablamos de la danza clásica que fuerza mucho el cuerpo. Yo creo que cuanto más lo mimas, más te da. Y luego disciplina, constancia, respeto, fidelidad al proyecto, a lo que estás haciendo, con la gente con la que trabajas. Yo hablo de mí hacia los intérpretes y de ellos hacia mí y hacia nuestro proyecto. A esto llamo disciplina. Disciplina es seguir cuando ya no puedes más, por ejemplo. Aunque la palabra te haya gustado mucho, pienso que es más bonito lo que estoy diciendo que la palabra, que ¿no la asocias con algo militar o del cole?

No, pero sí que a lo largo de mi vida con compañías en donde había músicos, bailarines y actores, las diferencias son abismales. Los más disciplinados, siempre, los bailarines.
No solamente se trata de una cuestión física, sino que el bailarín ha de tener claro que tiene solamente dos rodillas. No hay ningún repuesto, ni tobillos, ni hombros, ni cervicales, ni lumbares, ¿sabes? Evidentemente es tu instrumento de trabajo. Pero yo me refería a una disciplina, una fidelidad, un orden que va más allá de lo físico. Bajo mi punto de vista yo considero disciplina al orden trabajando, al silencio cuando se trabaja. No soy partidaria, y es un asunto personal que me sirve a mí, porque cada uno tiene su método y sus cientos de verdades que habitan en cada uno de nosotros, por ejemplo yo no soy partidaria de preguntar la opinión.

¿De tus compañeros de trabajo?
Ni de amigos antes de estrenar, no me va bien. Y trabajando es obvio que hay cosas que se hacen muy en grupo…

¿No te puede llevar a aislarte demasiado?
Un poco, pero me reafirmo con el trabajo, con ellos, viéndolos. Este último trabajo está codirigido con Carme Portacelli con la que tenía muchas ganas de trabajar, que es un encanto. Y mira, una de las cosas muy buenas de esta relación es que no somos iguales para nada. Y en muchas cosas nos complementamos con muchísima comodidad. Que eso, siendo dos personas que dirigen, no te creas que es tan fácil.

¿Cuál ha sido la relación jerárquica en concreto?
Un trabajo que es tan de dentro, que habla de todo lo que hemos dicho hasta ahora, es evidente que es algo muy propio, mío, claro que sí. Y que aunque esté dentro del escenario no puedo evitar seguir dirigiendo. Esté dentro o fuera. Pero ella, es otra mirada.

O sea, ella desde fuera te ordena lo que tu bailas.
Nos lo hablamos, verbalizar con ella y discutirlo, comentarlo, reírnos, y decirnos, ¿pero qué coño estás diciendo, guapa? No. O viceversa, es muy enriquecedor.

Llevas tiempo colaborando con directores de escena, ¿qué tal la experiencia?
A veces es muy difícil. A mí me enriquece todo lo que haga, y cosas que no conoces, que tienes que esforzarte me gustan. Es muy difícil que te coja un director y te diga “Quiero que estés aquí pero no sé exactamente por qué ni para qué, pero tienes que estar.” ¿Cómo te metes? Es difícil. Cuando no, te llaman y te dicen “Necesito una coreografía de aquí a aquí.” Little night music de Mario Gas, una apertura que había que montar, éso está claro. Pero cuando te dicen “Trabaja…”, sin nada más, ¿cómo te metes?

Éso: ¿cómo te metes?
Pues tienes que meterte en el cerebro del director y tienes que observarlo mucho, ver por dónde va, qué le propones.

Pero si se trata de un texto cerrado puedes leerlo, inspirarte, no sé, tienes algunas pistas…
Sí, no, no, si yo le propongo, aquí podemos hacer ésto, pero depende mucho de unos a otros. Porque hay gente que te pide cosas concretas y entonces es más lógico, pero….

¿Tú, en tus creaciones partes de algo cerrado?
Cada día vas descubriendo por dónde vas a ir. Gracias a un acierto o a un error o una dificultad.

¿Cuál es tu metodología de trabajo con tu compañía?
No tengo una manera única, depende del proyecto.

¿Cómo selecciones a tus intérpretes?
Lo primero deben tener una buena calidad humana porque a quien es buena gente, le sacas partido, tiene mucho jugo. Me interesa mucho la gente inclasificable. Incluso físicamente inclasificable. O particular o peculiar. Son gente que han hecho teatro de texto, actores y actrices, o gente muy física que nunca han bailado pero yo veo, porque les he visto trabajar, que se les puede sacar mucho físicamente sin haber tomado nunca una clase de danza, o puede ser un bailarín que me interese mucho. Pero primero: buena gente. Y tengo a muy buena gente.

¿Tienes un equipo básico desde hace tiempo o vas variando?
Sí. En concreto Carmen González y Cristina Sirvent, trabajan conmigo desde hace varios espectáculos. Y luego están los demás. Claro, no es fácil, porque yo no siempre les puedo dar trabajo, por lo tanto se me puede ir para otros lados y como ya te digo que son gente de teatro, tienen muchas más ofertas de trabajo que un bailarín. Un bailarín es fiel por naturaleza y fiel por disciplina a lo que está haciendo, y además, no tiene muchas otras ofertas. Ésto también influye, y esta diferencia existe aunque quede feo decirlo. Un actor se te puede ir a hacer otra cosa de teatro o de televisión.

¿Dónde te colocan actualmente los clasificadores institucionales, periodísticos?
Mira ya he conseguido que duerman tranquilos y que no les preocupe cómo se llama lo que hago.

¿Y cómo lo han superado?
No sé, pero a mí me acaban de dar el premio Ciutat de Barcelona por la confluencia de teatro y danza en mi trabajo, por unanimidad. Me parece un claro síntoma. Y en las críticas ya no se cuestionan si es danza o teatro. A veces nos las hacen los críticos de teatro y otras los de danza. Muy bien, pero seguirá habiendo roces siempre. Especialmente por la evolución de tus propios trabajos.

Por cierto, ¿con los años se tienen más dudas o más claridades?
En teoría se tienen más dudas, y en realidad vas teniendo un poco más claro lo que “¡No!” Se tiene un poco más de oficio, más serenidad, pero ésto convive perfectamente con la sensación primera de decir “no lo sé hacer”.

¿Tú partes de “no lo sé hacer”?
No siempre. Alguna cosa que me proponen o que me encargan, me digo “no sé por donde empezar”. Y te pones a trabajar y vas.

¿Cómo transformas las ideas en imágenes, existe un proceso automático, un método, o es un ejercicio creativo sobrevenido?
Mira, tendría casi que responderte sin palabras. Te voy a poner un ejemplo. ¿Cuántas mujeres matan al día? Muchas pero bueno, hay otros muchos problemas en el mundo, llevamos el doble del año pasado. A ti leyendo la noticia o viendo la foto de una mujer acuchillada o amoratada, con cara de susto e impotencia, seguramente se te ocurrirá escribir algo, a mí se me ocurre una imagen, me viene a la mente, por ejemplo, una mujer, dos hombres con carmín en los labios y me viene a la mente Debussy, porque aquí la música tiene mucho que ver. Y me puede venir a la mente alguna palabra, es verdad, me viene la película Blancanieves. Toda la escena con los enanitos, el príncipe, etcétera, y partir de aquí esos dos tíos la empiezan a besar a base de carmín y ella acaba sencillamente destrozada, acaba asesinada, la han matado a besos. Así es cómo traduzco yo las cosas que me gustan o que me emocionan.

Diez años ya de existencia..
No, once, en noviembre del 95 se estrenó Aiguardent, y todavía lo hago. Me voy a Nueva York a hacerlo y me despido en abril en La Abadía.

De este camino, que me imagino tendrá sus baches, ¿qué recuerdas?
Siempre es muy difícil. Yo miro a mis obras y ahora mismo, recuerdo como el de mayor dificultad creativa, Camille. El espectáculo al que le tengo mucho cariño es Mira’m, y la gente me comentaba si tenía influencias de Kantor y yo, te juro, no he visto nunca a Kantor. Y posiblemente tenga otras influencias que ni yo misma soy consciente. Yo le tengo cariño personal por el proceso, no por el resultado. Fue hermoso, gratificante, intenso, y por éso lo quiero tanto.

Has dicho que te gusta más dirigir que coreografiar, ¿más dirigir que interpretar?
No se pueden comparar. Si tuviera que elegir, hoy en día, con 43 años y una hernia discal, sin lugar a dudas, dirigir. Y además que me lo paso muy bien dirigiendo. Luego se sufre cuando ya se ha acabado. Estás fuera y lo ves todo y no tienes la adrenalina del escenario, que te quedas como nueva.

¿Te sientes reconocida?
En estos momentos sí. Y lo agradezco. Igual que agradezco estar nominada a los Max. Este es un buen año para nosotros, pero yo no pierdo ni un segundo la vista del camino, con los pies en el suelo, porque mañana no sé dónde estaremos. Hoy tenemos bastante trabajo, mañana no lo sé.

Para terminar, aquí está el enlace al vídeo de la entrevista que le hicieron en TV3 en el programa Nydia, en noviembre del 2007.

El retrato fotográfico

¿Será por la aparente sencillez intrínseca al medio que el fotógrafo se siente obligado a ir más allá de la mera representación física, a contar “algo más”, cuando realiza retratos?

Veamos a continuación una muestra de retratos que intentan desvelar aspectos personales del retratado, retratos que están elaborados para ir más allá de la pura descripción, siempre ineludible para la cámara fotográfica.

Pete Turner photographed by Doug Kuntz, 1999

Pete Turner fotografiado por Doug Kuntz, 1999

Sebastiâo Salgado photographed by Pierre-Olivier Deschamps, 1997

Sebastiâo Salgado fotografiado por Pierre-Olivier Deschamps, 1997

Richard Avedon photographed by Irving Penn, 1978

Richard Avedon fotografiado por Irving Penn, 1978

Chema Madoz

Sin título, 1990. Positivo bromuro virado, 50 x 40 cms.