La responsabilidad del coleccionismo

Aunque ella se defina como coleccionista, Cindy Mack la calificaría también como artista. Y es que Patricia Phelps de Cisneros es una mecenas venezolana para la que “coleccionar es un placer, pero sobre todo es una responsabilidad. La responsabilidad de investigar, de generar conocimiento y de compartirlo con los demás”. He aquí algunos fragmentos de una reciente entrevista.

Retrato de Patricia Phelps en el Caixa Fòrum de Barcelona, por Xavier Cervera.

Retrato de Patricia Phelps en el Caixa Fòrum de Barcelona, por Xavier Cervera.

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Pese a su magnitud, la Colección Patricia Phelps de Cisneros no cuenta con una sede permanente de exhibición. ¿Cuál es la razón?

La decisión de no construir un museo propio la tomamos muy tempranamente. No hubo dudas. Nos dimos cuenta de que la mejor manera de servir a nuestra misión, la de dar a conocer el arte y la cultura latinoamericana, era creando un programa muy activo de préstamos. Que las obras viajaran de aquí para allá y pudieran ser contempladas por un público lo más numeroso y diverso posible. En este momento debemos tener entre 400 y 500 piezas viajando por el mundo.

Una apuesta valiente. Hasta los museos son cada vez más reticentes a que las obras salgan de sus edificios.

Es que no tengo ningún sentido de la propiedad, no la merezco. Siento que estoy aquí, en este mundo, para cuidar estas obras, para darlas a conocer, para estudiarlas, para servirlas… Para servir al público que esté interesado… Coleccionar no es acaparar un cierto número de objetos sin sentido. Lo fácil es comprar. Lo dificultoso es cultivar el conocimiento de lo que atesoras. Y en este sentido no se me ocurre mejor aliado que un museo. ¿Qué mejor paredes para mostrar nuestras obras que el MoMA, la Tate, el Macba o la Fundació Miró, donde presté una Constelación para la gran exposición Miró? Y volviendo a su pregunta anterior, el por qué no tenemos un museo, le diré también que no me parece justo imponerles ese legado a nuestros hijos. No sería correcto pedirles que se hagan cargo de la colección cuando sus intereses pueden ir por otro lado…

Esa voluntad pública de la colección, ¿existía ya en el origen o se fue gestando poco a poco? ¿Qué es lo que despertó sus ganas de compartir?

Mis padres no eran coleccionistas, aunque el coleccionismo siempre formó parte de mi vida gracias a mi bisabuelo, William Henry Phelps, ornitólogo e intrépido explorador, que reunió la colección privada de aves tropicales más extensa del mundo. Era muy riguroso en los procesos de conservación y documentación. Creo que de ahí viene mi impulso por coleccionar y también la idea de que poseer sólo es una faceta del coleccionismo y que el estudio, el cuidado y la difusión del conocimiento es lo que lo que enriquece el proceso. Pero en todo caso nunca me propuse ser coleccionista o hacer una colección. Ha sido algo muy orgánico que ha ido creciendo poco a poco. La colección Orinoco, por ejemplo, nace a raíz de nuestras expediciones por el Amazonas venezolano, cuando nos damos cuenta de que la cultura de los pueblos indígenas estaba desapareciendo. Y es entonces cuando lo que hasta entonces habían sido recuerdos de viaje empiezan a formar parte de una colección sistematizada pensada para preservar una cultura y darla a conocer a los demás. La colección Orinoco cuenta hoy con 1.400 objetos etnográficos de doce grupos indígenas y la han visto más de siete millones de personas en todo el mundo. Me siento muy orgullosa. Pero usted me preguntaba por el origen, y creo que tiene que ver con la Venezuela en la que me crié.

¿Cómo recuerda la Venezuela de los años 50?

Era un escenario de incomparable modernidad, producto de la riqueza petrolera. Vivimos rodeados de arquitectura moderna.. Pienso por ejemplo en las Nubes flotantes de la Universidad de Venezuela, que es el Calder más grande del mundo… Yendo al colegio podías ver obras de grandes artistas como Alejandro Otero, Gego, Carlos Cruz-Diez, todo eso marca una sensibilidad, claro.

Hasta ahora ha hablado de responsabilidad, pero imagino que en el coleccionista hay también mucho placer.

Sí, claro, el placer de descubrir o de seguir una obra, el placer de encontrarla, de adquirila , de disfrutarla, el placer de la mirada es importantísimo. Es divertido y te llena el alma. Aunque las obras que adquirimos son para el acceso público, el placer de tenerlos para tu mirada, en tu propia casa, antes de que salgan al mundo, es un placer enorme. No hay obra que no ame.

¿Cuál ha sido su última adquisición?

Una obra de un joven artista de 18 años comprada hace unas semanas en Maracaibo. No diré su nombre, nunca lo hago, para no ser injusta con el resto. En la actualidad estamos apostando por artistas no ya emergentes sino preemergentes,.. Tenemos una suma de dinero muy modesta que es la que estamos dispuestos a gastar, porque eso nos obliga a buscar, a descubrir nuevos talentos. En el tope está el reto. Es más arriesgado pero hasta ahora he disfrutado de todas las obras que hemos comprado.

¿Todas cuelgan en un momento u otro en su vivienda?

Sí, prácticamente todas, Y a veces las más valiosas no están en el salón, a la vista de todos, sino en mi dormitorio.

El MoMA, la Tate, el Pompidou están comprando mucho arte latinoamericano… El director del Reina Sofía, Manolo Borja-Villel, tiene también la mirada puesta en Latinoamérica. ¿A qué responde este interés de pronto tan generalizado?

La aspiración final es que cuando tengamos otra entrevista dentro de diez o quince años ya no tengamos ya que hablar de la promoción de los valores culturales latinoamericanos porque su arte esté ya integrado en los museos. Esa es una batalla que está ya librada en lugares como el Macba, donde desde el principio en sus paredes cuelgan artistas sin importar su procedencia geográfica. Me encanta ese museo y mantenemos con él una relación estrechísima. Es lo mismo que sucedía en los primeros años del MoMA… Y estoy muy ilusionada con la Fundación Museo Reina Sofía, me parece un sueño muy hermoso el que impulsa Manolo Borja-Villel, la creación de una red de museos y coleccionistas del Sur con Madrid como eje central. Será algo grande, seguro.

¿Es el gran momento de Latinoamérica?

Sí, sin duda, y en ello también tiene que ver, qué duda cabe, el boom económico que está viviendo prácticamente toda Sudamérica, con algunas excepciones. Eso está provocando un renovado interés, aunque siempre he pensado que para Europa Latinoamérica ha sido una parte integral de su conciencia y ahora están intentando integrarlo. ¿Por qué ahora? Los medios de comunicación, con internet a la cabeza, hace que nos volvamos más hermanos, más curiosos los unos hacía los otros. Latinoamérica tiene que dar mucho en cultura y en arte. Siempre hemos estado en la vanguardia. Incluso en la época de la colonia Venezuela produjo muebles como la butaca, cuyo origen es la silla indígena, reclinada hacia atrás. Hasta entonces las señoras, con sus enormes vestidos, se sentaban en el extremo de la silla, de lo más formales, y colocaban la butaca en el dormitorio, para relajarse. Es un pequeño detalle, pero ese es un ejemplo de algo muy vanguardista que luego daría la vuelta al mundo. Cuando nos fuimos de llas mujeres las tenían en sus dormitoriso pero se relajaban. Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay… fueron centros importantísimos del modernismo.

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Otros enlaces de interés: acceso a la exposición “La invención concreta” en el Museo Reina Sofía de Madrid.

Calligraffiti de Niels Shoe Meulman (II)

Paralelamente a su trabajo artístico, Niels Shoe Meulman realiza campañas publicitarias y se encarga de la dirección de arte o la estrategia de marketing de distintos proyectos. A continuación, algunos ejemplos destacados:

Shoe diseñó el packaging completo de la Bols Genever - Amsterdam Gin.

Shoe diseñó el packaging completo de la Bols Genever – Amsterdam Gin.

 

Customización de vehículo Mercedes-Benz para campaña publicitaria.

Customización del vehículo Mercedes-Benz que esponsorizó la campaña contra el cáncer de mama Pink Ribbon en Holanda.

 

NielsShoeMeulman-Unruly-imaginary_friend_navy_box2

Para Unruly, creó una línea de pañuelos de seda de lujo.

 

Y como última muestra, su participación en el spot de Louis Vuitton coordinado por la agencia Ogilvy Paris, realizando uno de sus calligraffitis sobre el ring durante el anuncio.

Calligraffiti de Niels Shoe Meulman (I)

 

Niels Shoe Meulman es un artista visual, diseñador, graffitero y director de arte holandés cuyas obras forman parte de las colecciones permanentes del Stedelijk Museum de Amsterdam y del San Francisco Museum of Modern Art, así como de numerosas colecciones privadas. Fue él mismo quién acuñó el término calligraffiti para referirse a su trabajo, fruto de la fusión entre caligrafía y graffiti, en 2007 cuando organizó una exposición en Amsterdam con ese nombre. Desde entonces, sus calligraffitis se han podido disfrutar en varias exposiciones en Europa y América del Norte.

¿Otro tipo de pictorialismo?

“Keep them sweet” (2010) de Maisie Maud Broadhead (145 x 106,5 cm). Es una de las obras fotográficas que se exponen hasta el 20 de enero de 2013 en la National Gallery de London, dentro de la exposición Seduced by Art: Photography Past & Present. Esta fotografía hace referencia al óleo de Simon Vouet, “La Riqueza”, pintado entre 1635 y 1640 (actualmente en el Musée du Louvre). Aún siendo prácticamene iguales -dejando aparte los pañales-, llama la atención que la fotografía resulte más estática que la pintura.

Cara a cara en Valladolid

La Sala Municipal de Exposiciones San Benito de Valladolid inaugurará mañana miércoles la muestra ‘Cara a Cara‘, formada por más de un centenar de obras fotográficas pertenecientes a la prestigiosa Fundació Foto Colectania de Barcelona. Obras de creadores como Cristina García Rodero, Alberto García-Alix, Juan Manuel Castro Prieto, Català-Roca, Joan Colom, Gabriel Cualladó, Ramón Masats, Humberto Rivas, o Javier Vallhonrat podrán verse en esta muestra única “realizada especialmente para Valladolid”, según ha confirmado la Fundación Municipal de Cultura en un comunicado recogido por Europa Press.
La fotografía cambió la manera de mirar y pensar el arte por conceptos tan elementales como la captación del instante, el movimiento y la perspectiva y los retratos en la pintura también sufrieron a mediados del siglo XIX la transformación provocada por la fotografía: por un lado con la democratización de las Cartes de Visite y, por otro, por el cambio de paradigma que suponía posar durante segundos y no durante largas sesiones que duraban varios días.
Esta exposición nos recuerda que “la fotografía de retrato ha sido uno de los géneros más atractivos de este medio porque nos remite a algo muy próximo: nosotros mismos y los otros”.
Cara a cara‘, que podrá visitarse hasta el 13 de enero de 2013, quiere ser un repaso por diferentes subtemas de este género como los primeros planos, los retratos de grupo, la gestualidad corporal, los niños y adolescentes, los personajes célebres o los autorretratos y, además, es también un recorrido por la fotografía española desde los años 50 hasta hoy a través de la colección de la Fundació Foto Colectania.
Humberto Rivas repetía que en las sesiones fotográficas, precisamente por la consciencia del retratado ante la cámara, se establecía una disputa, a veces una dura lucha, entre la imagen que quiere mostrar el retratado y aquello que pretende desvelar el fotógrafo. Los fotógrafos saben que en este cara a cara suele haber un vencedor.

Kathy Ryan, directora de Fotografía y Arte

Hoy La Contra (La Vanguardia) ha publicado una entrevista a Kathy Ryan, la directora de Fotografía y Arte del magacín de The New York Times. Historiadora del Arte de formación, es la encargada de decidir la portada del magacín, momento que vive intensamente, consciente de la repercusión que tiene. Es de las personas que todavía tiene fe en el poder de las imágenes para mejorar el mundo y celebrarlo.

¿Quién no tiene un smartphone para hacer una foto?

Ahora mismo se están haciendo billones por doquier.
Esas fotos no convierten a sus autores en fotoperiodistas, del mismo modo que silbar una melodía no te convierte en compositor.

¿Qué convierte a quien hace fotos en fotógrafo o fotoeditor?
Lo que te hace fotoperiodista es concebir, captar y editar una imagen que sea un símbolo perdurable en nuestra memoria. Si logras una imagen emocionante, esa emoción trasciende épocas y fronteras, y tus fotos serán un icono eterno y universal.

Por ejemplo.
Si pensamos en Vietnam, coincidirá conmigo en dos iconos: la niña aterrada, Kim Phuc, que corre desnuda por la carretera, del fotoperiodista Huynh Cong Nick Ut, y la del general Nguyên ejecutando a un vietcong, del fotoperiodista Eddie Adams.

Una guerra resumida en dos imágenes.
Si le pregunto por Afganistán, tendrá que pensar un poquito más, pero es muy probable que evoque la portada del National Geographic de aquella joven enigmática con capa roja que miraba al lector con ojos de un color verde indescriptible.

También está en la memoria de todos.
Es Sharbat Gula fotografiada por Steve McCurry. Y también recordará a la niña con el rostro comido por el ácido de los talibanes.

No es fácil olvidarla.
Intente ahora evocar iconos parecidos: desde el Che en el póster hasta Marilyn Monroe sobre la rejilla del metro de Manhattan intentado evitar que se le levante la falda.

Son eternos y universales.
La prueba es que usted y yo coincidimos en ellos desde continentes y generaciones diferentes. Pero ahora intente recordar una imagen reciente de… ¿Obama? ¿El Papa? ¿Madonna? ¿Los JJ.OO. de Londres?

Se me ocurren muchas, pero no una.
¡Porque no tienen una! Hay demasiadas imágenes de ellos vomitadas a cada instante por internet como para evocar sólo una.

La paradoja de la cantidad y la calidad.
Antes, cuando la polvareda de la actualidad se asentaba, podíamos empezar a discernir la historia, y también aparecían esos iconos, por lo menos era así antes de internet.

¿Por qué no va a ser también después?
Porque el ciclo de las noticias es hoy tan corto, frenético y espasmódico, una catarata de imágenes vomitadas cada segundo en las webs, que en el Times tememos quedarnos sin esos iconos que acreditan la excelencia en nuestro trabajo. Por eso nos sentimos hoy más necesarios que nunca: luchamos por la calidad de nuestra memoria visual universal. Para que transmita valores.

¿Es una cruzada?
Yo soy una visualista convencida y creo en el poder de las imágenes para explicar, resumir y simbolizar y dar un sentido a lo que pasa. Y, sí señor: es una misión.

¿Por qué cree que es tan importante?
Porque la infamia de los talibanes arrojando el ácido a la cara de la niña que quiere ir a la escuela será una lección inolvidable para todos -un manifiesto contra la tiranía- en ese icono. Igual que esas imágenes de Vietnam que citamos son un alegato eterno contra el horror y el abuso de la guerra.

Ahora mismo: ¿cómo demonios logra usted un icono del paro en España?
Esa carencia es también una denuncia contra lo que sucede. Poderes económicos sin rostro gobiernan nuestras vidas. La información económica es para nosotros una pesadilla recurrente. No sabemos cómo ilustrarla.

La foto de la cola del paro no dice nada.
Poner imagen a la economía es un reto que exige talento creativo. Pero le citaré alguno de nuestros intentos en otros campos.

Adelante.
Teníamos que hablar de los soldados muertos en Afganistán. Y al fotoperiodista se le ocurrió retratar las habitaciones vacías en EE.UU. de aquellos muertos en combate.

¿Una habitación vacía puede decir más que un rostro humano?
Porque el equipo logró que en aquellas fotos sin personas apareciera el alma y la tragedia de aquellas vidas perdidas. Eran habitaciones de adolescentes, lo que ponía en evidencia su juventud, y cómo sus padres las habían dejado intactas como un templo dedicado al hijo perdido que no olvidaban.


Allí estaban el póster de su ídolo del rock y del deporte junto a fotos de su familia, el colegio, su primera novia. Cuando las editábamos casi nos pusimos a llorar. Y si una foto es emocionante, será eterna.

Mis fotos de hoy son tonterías, pero las de hace 20 años no parecen tan malas…
Es esa calidad vintage que el Times, como La Vanguardia, diario centenario y cómplice con varias generaciones de lectores, ha cultivado con mucha respuesta.

¿Cómo?
Para reflejar el US Open de Tenis en Nueva York queríamos hablar de los clásicos: McEnroe, Sampras, Björn Borg, Andre Agassi… Y se nos ocurrió jugar al revival.

¿Los llamaron para posar?
Fichamos al comediante Andy Samberg, del Saturday night live, que los encarnó en las fotos, y fue divertidísimo. Nuestra mejor portada de estos años ha sido Andy posando como Borg y McEnroe, retratado además por el veterano fotógrafo deportivo Walter Iooss. Fue un celebrado match de la ironía cómplice con el lector.

David Dawson, asistente de Freud

David Dawson fue asistente del reconocido pintor Lucian Freud (Berlín, 1922 – Londres, 2011), frecuente modelo y amigo durante los últimos veinte años de su vida. Freud estaba trabajando en un retrato de Dawson en el momento de su muerte. En el año 2000, empezó a fotografiar el trabajo diario de Freud en su estudio, documentando su proceso de trabajo y retratándolo junto a sus modelos.

Retrato de los artistas David Hockney y Lucian Freud en el taller de este último realizado por David Dawson (copia color, 2003)

Lucian Freud y su sobrino Albie Morrissey, retratados bajo el título ‘Albie sitting for his grandfather’ de David Dawson (copia color, 2004)

Retrato de Lucian Freud y Andrew Parker Bowles titulado ‘Painter and Sitter’, de David Dawson (copia color, 2003)

Nota: todas las imágenes han sido tomadas del website de la National Portrait Gallery.

Videoclips made in Spain IX

Gracias a la pasión que el formato del videoclip despierta entre varios profesionales del audiovisual de Barcelona, aquí se realizó el primer video musical en 3D, en el año 2008. Se trata del videoclip de “Me tienes contenta” de Pastora, grupo que a su vez siempre ha mostrado interés por las nuevas tecnologías.

(Es de agradecer que el público general pueda conocer los nombres de los profesionales que han participado en la producción de un videoclip!)

Producido por el DiBa (Digital Barcelona Film Festival) y dirigido por Joan Riedweg, fue el primero en España y el segundo en el mundo, por detrás del vídeo de “Wanderlust” de Björk, producido en 2007. A continuación, podemos ver el making of de “Me tienes contenta”:

Entrevista a Simon Norfolk, fotodocumentalista

“Paisajista de campos de batalla”, así se define en su website. Simon Norfolk, inglés de 50 años, criado en Nigeria y recién casado, lo tiene muy claro. Utiliza la fotografía para cuestionar y denunciar desde la izquierda los conflictos armados que mantiene el “imperio” británico. “¿Para qué pagamos armamento nuclear? ¿Por qué somos los cornetas del imperio americano en sus ingenuas y sangrientas aventuras por Iraq o Afganistán? ¿Por la ilusión de seguir siendo imperio? ¿Cuántos hospitales dejamos de construir por ese delirio? ¿Cuántas escuelas?”, son algunas de sus reflexiones. He aquí la entrevista que le hizo Lluís Amiguet para La Contra el pasado 10 de septiembre.

Simon Norfolk, autoretrato.

En Bosnia, los serbios me dijeron: “¿Se ha enterado del asesinato de las monjas del convento?”.


“¿Qué convento?”, pregunté yo alarmado cogiendo ya la cámara…


“Aquel convento de la colina. En 1358”.

Eso es conciencia de la historia.
Es que los occidentales -los americanos, que empiezan cada guerra como si fuera la primera, y los británicos, que les hacemos de subalternos- vivimos un presente amnésico que apenas recuerda las tres últimas semanas, pero otros pueblos viven en un hoy de tres mil años. Como Afganistán.

Una historia que es una guerra.
Yo no espero que nuestros soldados sean historiadores, pero deberíamos recordar que ya es la cuarta vez que los británicos intentamos invadir Afganistán.

Y diríase que de nuevo sin resultado.
Por muchos afganos que matemos, no los convertiremos en demócratas parlamentarios. Ellos no tienen prisa. Hace tres mil años que luchan y mueren: contra los persas, Alejandro Magno, la URSS… Y nosotros sólo somos los últimos invasores.

Si tienes tiempo, nunca pierdes.
Nosotros tenemos relojes y ellos tienen el tiempo. Recuerdan la guerra contra los persas como los serbios a las monjas asesinadas en aquel convento y les ponen a sus hijos los nombres de los generales que la ganaron.

¿Qué hace usted en Afganistán?
No crea que no me lo he preguntado. Ahora que me he casado, también mi mujer se lo pregunta. Cuando pararon mi coche en Kabul y nos robaron pistola en mano -diez segundos eternos- me lo pregunté.

¿Y…?
Hay fotógrafos de guerra que le dirán que están allí pero que no creen en la política y que sólo les importan esos niños mutilados. Y otros que viven una fantasía de glamur y riesgo a lo Robert Capa, que empieza al amanecer entre bombas y acaba en la noche en un casino con Grace Kelly a su lado…

¿Y usted?
El fotógrafo sin convicciones políticas acaba siendo un cínico, y el del casino ya lo es. Yo creo que podemos decidir la historia y que la política, o la hacemos o nos la hacen. Hay guerras que merecen la pena, y Afganistán no es una de ellas. Ahora nos preparan para aceptar que hemos vuelto a perderla.

¿Qué es usted?
Ni un pacifista ni una oenegé. Creo que la avaricia humana crea sistemas de dominación económica de unos pocos sobre la mayoría. Y la guerra es el principio violento de ese expolio. Para que el uno por ciento acumule billones, muchos niños son mutilados por las minas cuando van a la escuela.

Afganistán atacó a Occidente el 11-S.
Fue Al Qaeda, refugiada en Afganistán, no los afganos. Para acabar la guerra entregaron a Bin Laden, pero EE.UU. prefiere seguir el plan que dé más votos. Para denunciar cosas como esa hago fotos.

Con alto valor estético: hoy se exponen en museos de arte contemporáneo.
Esa estética es sólo el envoltorio con el que intento difundir mejor mis ideas.

¿Por qué trabaja con placas?
Porque cada clic me cuesta 18 euros y eso me obliga a pensar mucho antes de disparar. No soy el fotógrafo que llega con la digital a la guerra y dispara y dispara… doscientas, trescientas fotos. Y luego se va al hotel y ante el ordenador busca la buena.

Creí que era lo habitual.
Yo busco la buena antes de disparar. Y esa búsqueda empieza en bibliotecas y museos años antes. Así descubrí fotógrafos del imperio que ya siguieron al ejército británico en Afganistán en 1878, como John Burke.

¿Y eso da para vivir?
Coleccionistas como la señora Morgan (de Morgan Stanley) o la señora Sachs (de Goldman & Sachs) compran mi obra.

Caray.
Para donarla a museos. Piense que así obtienen deducciones fiscales hasta veinte años antes de hacer efectiva la donación.

¿Eso es coherente con su militancia?
Eso también permite a los afganos ver mi obra gratis en internet, aunque tal vez la señora Sachs cuelgue mi foto en el salón porque hace juego con sus cortinas.

¿Le molesta combinar con las cortinas?
El autor sabe que en cuanto acaba una obra pierde el control sobre su significado. Y con el dinero de Sachs hago fotos que dirán a nuestros nietos que no todos estábamos de acuerdo con invadir Afganistán y que algunos hicimos algo para explicarlo.

También su ego estará en el museo.
Muchas fotos de esas invasiones son igual de buenas con o sin firma.

¿Está en lo suyo para la posteridad?
La primera vez que fotografié un genocidio fue en Ruanda: una fosa con dos mil cadáveres. Y a un ruandés destrozado explicándome cómo habían violado y descuartizado a machetazos ante él a su mujer y sus hijos.


¿Para qué me daba aquel material? ¿Para que ganara algún premio y que mi editor me diera unas palmaditas en la espalda? ¿Para correr a contarlo al pub?


Cuando fotografías aquel horror firmas un contrato moral con las víctimas que te compromete a convertir su sufrimiento en un testimonio. Para que no vuelva a pasar. Si no lo cumples, sólo eres un explotador más de su desgracia.

Joan Riedweg (Videoclips made in Spain VIII)

Realizador afincado en Barcelona, Joan Riedweg es un profesional de amplia trayectoria en el mundo audiovisual, que ha trabajo en todos los campos (publicidad, cine, tv). Según explica él mismo, es un músico frustrado que encontró la forma de consolarse realizando videoclips. Quizá por ello tiene muy claro que las imágenes del videoclip ante todo deben apoyar y potenciar la personalidad del cantante y su canción. Es colaborador habitual de Manolo García (ex El último de la fila), cantante que -quién lo diría!- detesta el videoclip por su capacidad para influir en el significado y lo subjetivo de una canción.


Videoclip de “Un giro teatral” de Manolo García (2011).


Videoclip de “Cacho a cacho” de Estopa (2001), premiado como Mejor Vídeo Musical en la 5ª Ed. de los Premios de la Música que otorgan la Academia de la Música y la SGAE.

Actualmente, Joan Riedweg cuenta con la experiencia de haber realizado más de 150 videoclips y conciertos en directo de artistas como Sabina, Joan Manel Serrat, Antonio Orozco, El canto del Loco, La oreja de Van Gogh, Carlos Núñez, Niña Pastori, Vicente Amigo, Pastora, entre muchos otros.