Expuestos: cámara, vigilancia y voyeurismo

Traducción de la crítica de Adrian Searle para The Guardian sobre la exposición “Expuestos: cámara, vigilancia y voyeurismo” de la Tate Modern, la cual indaga en la historia de la mirada indiscreta de la cámara y se puede visitar hasta el próximo 3 de octubre en Londres.

“Expuestos: cámara, vigilancia y voyeurismo”, que empieza mañana en la Tate Modern, está llena de imágenes furtivas y escenas subrepticias, de cámaras ocultas y chanchullos nefarios. La exposición nos lleva de la guerra civil americana a los yacimientos petrolíferos en llamas de la primera guerra del Golfo, de una ejecución de 1860 en China a la vista desde la sala de testigos de la cámara de la muerte en una moderna penitenciaría de Mississippi. Hay mucho de horroroso y macabro, mucho de sórdido, y mucho de inocuo pero invasivo – como las vistas furtivas de mujeres perdidas en sus pensamientos de Harry Callahan, y las tomas a través de un espejo traslúcido en el vestíbulo de un cine de Broadway de Yale Joel, en 1946. El artista Bruce Nauman mapea su estudio en una grabación de vídeo con un objetivo nocturno. Nan Goldin hace una presentación de diapositivas de su vida y sus amores. El fotógrafo japonés Kohei Yoshiyuki fotografió gente teniendo relaciones sexuales y mirando a otros tenerlas (y a veces uniéndose a ellos), en un parque público por la noche. Los únicos que no miran son las propias parejas.

Espiamos a un agente del KGB hurgando archivos, y aproximándose a un lugar de encuentro secreto en el bosque de Westchester. Un paparazzi saca una foto de Liz Taylor y Richard Burton besuqueándose mientras toman el sol. Me detuve en seco ante las magníficas series de vistas a través de ventanas sucias de Merry Alpern, de los tejemanejes en un burdel vistos desde el edificio de la propia fotógrafa, al estilo de “La ventana indiscreta”; figuras que se tambalean en la ventana, ropa desabrochada, pedazos de cuerpos y rostros parciales que devienen tanto más tentadores por ser miradas así fragmentadas. Aquí hay sexo y rarezas, exhibicionistas y narcisistas – como el artista francés travestido Pierre Molinier, quien se refirió a sí mismo como una lesbiana masculina, y cuyos numeritos onanísticos en su casa fueron fotografiados por su hija a menudo. También hay electrocuciones y suicidios, linchamientos y homicidios y los resultados de los asesinatos de escuadrones de la muerte.

Esto, se podría decir, no es para los aprensivos, pero muchas de estas fotografías ya han aparecido en los suplementos de fin de semana y revistas de gran tirada. Nuestro apetito por tales imágenes parece ser ilimitado. Y la exposición está llena de testigos y curiosos. Mientras Kim Novak toma asiento en el restaurante del tren, todos los chicos del vagón se giran para mirar, y nosotros los miramos a ellos mirándola. Greta Garbo esquiva la cámara, pero al hombre muerto en una rampa de garaje italiano, atacado por la espalda, ya no le importa. Personas observadas a través de espejos traslúcidos, capturadas por minicámaras espía y cámaras de visión nocturna. Hay todo un escaparate de cámaras espía, cámaras de bastón, cámaras escondidas en un reloj, cámaras con objetivos ocultos, que apuntan a una dirección distinta de la que crees que apuntan. Las personas se miran a sí mismas, y nosotros las miramos a ellas. Nosotros estamos siempre mirando por encima del hombro del fotógrafo. Te pillé.

“Expuestos” es un viaje duro -a ratos entretenido, aterrador, morboso y compulsivo. Faltan imágenes fundamentales, siendo las más obvias las infames fotografías tomadas en Abu Ghraib. Sigo pensando que aquí hay una exposición aún mejor por hacer – una con prejuicios americanos menos evidentes. El artista francés Christian Boltanski está a punto de registrar todos sus movimientos, día y noche, en la cámara, una transmisión en vivo hacia el búnker de un coleccionista, hasta el día de su muerte – un trabajo que no aparece en la exposición y que debería.

En lugar de esto, sin embargo, la exposición termina con una película de una cámara CCTV (circuito cerrado de televisión) girando en una pared, obra de Thomas Demand. Levantamos los ojos hacia ella; ella nos mira hacia abajo ciegamente. Vale la pena recordar que en la Tate Modern hay cámaras por todas partes; llora frente a un Rothko, y alguien en una habitación del fondo estará observando. En la era de Facebook, YouTube y los realities de televisión, a mucha gente parece no importarle cuánto exponen de sí mismos. Y al final, tal vez a todos nos gusta mirar.

Adrian Searle, jueves 27 de mayo 2010, The Guardian

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  1. Me uno a las felicitaciones, la verdad que me parece que el contenido es bastante… Es muy interesante tu blog.

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