Entrevista a una historiadora del arte

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El año pasado, en La Contra de La Vanguardia entrevistaron a Cindy Mack, una historiadora del arte plenamente consciente del papel decisivo que juegan los coleccionistas en las corrientes estéticas.

Cindy Mack, historiadora del arte

“Un buen coleccionista es también un artista”

por VÍCTOR-M. AMELA – 12/01/2008

Tengo 50 años. Nací en Allentown (Pensilvania) y vivo en una masía de la Garrotxa. Soy historiadora del arte y profesora en la Boston University de Madrid. Estoy casada con un catalán y tenemos dos hijos, Dylan (14) y Naial (11). Soy liberal. Intento ser buena persona.

¿Cuál es el cuadro más caro jamás vendido hasta hoy?

Uno pintado por Jackson Pollock, titulado Number 5,1948,recién vendido por 140 millones de dólares, en privado, así que son datos no confirmados…

Está en una colección privada, pues…

Sí. El coleccionismo ha preservado obras de arte y ha generado corrientes estéticas. El coleccionista, así, es también un artista.

Pero no un creador.

Crea una colección. Y una buena colección puede marcar una moda, influir.

¿Cuál fue la primera colección?

Aparecen tumbas neolíticas con ajuar funerario, piezas que coleccionó el fallecido.

¿Qué tipo de piezas?

Armas. Las primeras colecciones, de hecho, fueron seguramente los botines de guerra…

¿Conocemos coleccionistas de la antigüedad con nombres y apellidos?

Tutankamon se hizo enterrar con colecciones de joyas, artesanías…, para garantizarse una vida cómoda en el más allá.

Colecciones interesadas.

Han sido siempre señal de estatus, de poder: el arquitecto romano Vitrubio diseñaba casas para ricos con una estancia para albergar sus colecciones de objetos de arte.

A lo largo de la historia, ¿los reyes han sido buenos coleccionistas?

Sobre todo a partir del renacimiento: encargaban obras a artistas, para ornar sus palacios. ¡Forraban las paredes de cuadros! En España, Felipe II y Felipe IV fueron los mayores mecenas y coleccionistas. Esas colecciones enriquecen hoy el Museo del Prado.

¿Otros museos nacen de ahí?

El Ermitage se nutre de dos colecciones privadas de Picasso y Matisse. El Metropolitan de Nueva York es una colección de colecciones. Estados Unidos no ha tenido reyes… ¡pero sí coleccionistas!: Morgan, Havemeyer, Liehman, Rockefeller…

¿Cuál ha sido el más emblemático?

J. P. Morgan (1837-1913): a su muerte, muchos marchantes de arte temblaron. Este hombre, que salvó las finanzas de Estados Unidos más de una vez, dedicaba ¡tres meses al año! a viajar por medio mundo en busca de obras de arte de gran calidad. ¡Gastó la mitad de su fortuna en comprar arte!

¿Y eso cuánto era?

En su colección llevaba metidos 60 millones de dólares, y, al morir, el resto de su fortuna era de 68 millones. Al saberlo, Rockefeller se asombró: “¡Si ni siquiera era rico!”.

Vaya potentados…

La edad de oro del coleccionismo fue entre 1880 y 1950, coincidiendo con la eclosión de las grandes fortunas de la revolución industrial. Como la de Henry Clay Frick (1849-1919), modesto dependiente convertido en un magnate del carbón y el acero…, y en un refinado coleccionista de las obras más selectas: Rembrandt, Velázquez, Tiziano, Murillo, Vermeer, Goya…, ¡el Greco!

¿Por qué subraya a este pintor?

Porque no era muy valorado entonces, y la apuesta de Frick y de Louisine Havemeyer por el Greco en 1905 impulsó su aprecio.

¿A qué coleccionista admira más?

A la bostoniana Isabella Stewart Gardner (1840-1924), porque, en un momento en que la mujer no pintaba nada, ella hizo lo que le dio la gana, tuvo amantes, protegió a Henry James y popularizó la pintura del primer renacimiento al coleccionarla.

¿Qué gran coleccionista hizo la apuesta más arriesgada?

Quizá Albert C. Barnes (1872-1951), que empezó a coleccionar a Renoir y a artistas contemporáneos (Matisse, Picasso) a principios del siglo XX, cuando nadie en su país los veía como arte. ¡Se reían de Barnes, le ridiculizaban! Pero él no se arredró.

Eso fue casi mecenazgo.

Lo hacía Gertrude Stein (1874-1946), que acogía y alimentaba a jóvenes artistas, o Peggy Guggenheim (1898-1979) con Jackson Pollock, pintor que se moría de hambre y que sin el sostén de ella no hubiese desarrollado su obra: Pollock manchaba telas con pintura, Peggy creyó en él…, y ya ve.

¿Qué pinacoteca privada destacaría?

La del barón Thyssen, recientemente fallecido: en dos generaciones reúne la colección privada de arte más completa del siglo XX.

¿Y qué tal lo hace la baronesa Tita?

Ha tenido el valor de hacer una colección a la sombra de la del barón, con sello propio.

Conviene ser muy rico, eso sí…

El pintor Edgar Degas se gastaba hasta lo que no tenía en obra de Ingres, Delacroix, Gauguin y otros pintores próximos que admiraba: él vivió frugalmente, pero al final conformó una deslumbrante colección.

¿Qué mueve al coleccionista?

Las grandes corporaciones coleccionan hoy como inversión. Pero los coleccionistas del periodo del que hablo eran verdaderos buscadores de belleza. ¿Qué otro propósito tenían sino el de atesorar belleza?

¿Podemos incluir a algún coleccionista español en esta nómina de buscadores?

A Francesc Cambó (1876-1947), con la peculiaridad de que buscó belleza para servir a su comunidad más que para su goce: completó lagunas del Museo del Prado y proporcionó a Catalunya una pinacoteca que enlaza nuestro románico y gótico con el arte moderno. Cambó se trazó un plan social.

Lo que es muy de agradecer.

Mucho. Gracias a Cambó gozamos de bellas piezas del renacimiento y del barroco en el Museu d’Art Nacional de Catalunya, y de fabulosas pinturas de Botticelli en el Prado.

CAMBÓ, BUSCADOR

Me cito con Cindy Mack en la biblioteca de la Fundació Cambó, en el edificio de la Via Laietana en el que Francesc Cambó cristalizó su plan como mecenas cultural. Es un espacio pintiparado para evocar las figuras de coleccionistas que se empeñaron en concentrar belleza, cuyas colecciones hoy admiramos en museos y fundaciones y que determinaron las corrientes del gusto artístico. Son las vidas de estos coleccionistas las que explican en el libro Buscadores de belleza (Ariel) las especialistas Cindy Mack y María Dolores Jiménez-Blanco, con detalle y profusión de imágenes. Le pregunto a Cindy Mack qué cuadro querría tener en casa: Los borrachos, de Velázquez. ¿Y tú?

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  1. Hombre, con el titular no estoy de acuerdo. Los coleccionistas han ayudado a promover y conservar el arte, pero de ahí a considerarlos artistas hay mucho. En cuanto a Tutankamon, no era coleccionismo lo que le llevaba a acumular tesoros, sino la creencia en el más allá, así como a todos los faraones egipcios. Recordemos que Tutankamón solo era un chaval cuando murio y el hecho de que haya pasado a la historia ha sido por el descubrimiento de su tumba, que no llegaron a saquear.

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      • milestimulos
      • 12/03/10

      No pienso que se esté igualando el coleccionista al artista. La norma del titular es llamar la atención, luego cuando se lee la entrevista la afirmación queda contextualizada. Y aquí, la historiadora dice que los coleccionistas son artistas en el sentido de que han creado corrientes estéticas; es decir, que son capaces de aportar sentido con sus elecciones-compras y así influir en los mismos artistas, empujándolos en cierta dirección. La historiadora sólo está destacando el aspecto creativo del coleccionista.

      Respecto a lo de Tutankamon, la historiadora dice “se hizo enterrar con colecciones de joyas, artesanías…, para garantizarse una vida cómoda en el más allá”…

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  1. 24/01/13

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