El mejor disparo de Sally Mann

A principios de Septiembre, en My best shoot apareció Sally Mann. My best shoot es una sección del apartado de Cultura del periódico inglés The Guardian, donde se presenta periódicamente a un fotógrafo/a de sólida trayectoria profesional, que expone la que considera su mejor fotografía, explicando las circunstancias que rodearon la toma. En esta ocasión, tratándose de la fascinante y reputada Sally Mann, bien merecía la pena traducir sus palabras.

Éste fue un proyecto del que mi marido Larry y yo hablamos durante seis años, quizá ocho. Cuanto más me metía en él, más emocionante se volvía. Cada nueva fotografía habría la puerta a otra, cosa que no sucede a menudo. Sabía que terminaría cuando hubiera explorado cada centímetro del cuerpo de Larry: pies, brazos, manos, piernas, nalgas, espalda, cabeza.

Larry tiene un trabajo fijo, y tenemos una granja de 450 acres de  la que ocuparnos, con 15 edificios que mantener, así que pocas veces podía retenerlo. Tengo una pequeña estufa para calentar mi estudio, muy rudimentaria. Entrábamos, echábamos leña al fuego, después decidíamos si trabajar acostados, sentados o de pie. Si había estado sentado todo el día, estaba de pie. Si había estado trabajando en los campos, se tumbaba. Sencillo.

Larry estuvo entusiasmado con el trabajo desde el principio. Hemos estado casados casi 40 años, y tiene distrofia muscular. Estaba bastante pronunciada ya, pero las imágenes no lo muestran demasiado; no es algo que yo quisiera enfatizar. Es un hombre grande, fuerte, pero su bícep ahora tenía el tamaño de su antebrazo, o menor. Había avanzado tanto que no quise mostrarlo, en consideración hacia él. Es extraño: nunca le dije “Va a ser obvio que estás perdiendo masa muscular.” Pero él me conoce; sabe que yo no me acobardo, y sabía cuál era el trato cuando se comprometió con las fotografías.

Me serví de un proceso decimonónico de “placa húmeda” llamado colodión. Es muy sensible y delicado. Si te entra una pequeña partícula de polvo allí, o una ligera brisa en el cuarto oscuro, te quedan rayas o marcas. Aunque me esfuerzo, no soy muy buena revelando: la manera en que salen las imágenes, todas las imperfecciones, es completamente accidental. No obstante, rezo para conseguir esos efectos fortuitos. Con la foto “Hephaestus”, no tengo ni idea de qué causó el agrietamiento; casi la tiro, pero había algo en ella. Le puse el nombre en honor al Dios griego -una elección fácil, ya que Larry fue herrero también, y además está lisiado. Se ve muy divino, pero metálico y reluciente.

Nadie ha hecho algo así antes -y creo que solamente una mujer podía haberlo hecho. Las fotografías de mujeres tomadas por hombres tienden a poseer un elemento sexual; en éstas, hay ternura. A los hombres les gusta aparecer fuertes y poderosos, especialmente si van sin ropa; y la mayoría de fotografías homoeróticas muestran a los hombres como objetos sexuales, pareciendo muy potentes. No pienso que Larry parezca impotente, pero definitivamente se ve vulnerable.

No es exagerado comparar estas fotografías con las más conocidas de mis hijos. Adoro a los sujetos. Pero éstas eran mucho menos deliberadas. Trabajé casi a tientas, mientras que fotografiar a los niños pequeños fue como “arrear gatos”. Con los niños tenía el tiempo limitado; con Larry, las imágenes eran com una caricia dilatada.

La fotografía es Was ever love (2009) de Sally Mann, cortesía de la Gagosian Gallery y publicada en The Guardian.

Enlaces relacionados:

Proud flesh de Sally Mann

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