Sentience, de Daniel Canogar

La ventaja de los artistas que apuntan a la esencia vital del ser humano es que su obra adquiere el valor de la atemporalidad. Pasan los años y podemos seguir alimentándonos de ellos. Su profundidad continúa enriqueciéndonos y estimulando nuestra creatividad. Es el caso de Daniel Canogar y su instalación Sentience, la cual pude disfrutar hace diez años cuando se exponía en la colectiva Nuevas visiones/Nuevas pasiones. Seis artistas de la Colección Helga de Alvear en Villa Iris, en la Fundación Marcelino Botín de Santander. Según las palabras del artista, “Sentience investiga la paradoja del deseo de tocar el otro a través del medio intangible de la proyección”.

Imagen de la instalación "Sentience", Daniel Canogar, 1999.

Imagen de la instalación “Sentience”, Daniel Canogar, 1999.

Fragmento del escrito de Daniel Canogar a propósito del proyecto Sentience :

(…) El proyecto Sentience es un homenaje a las fantasmagorías de Robertson. Sustituyendo las linternas mágicas por cables de fibra óptica, la instalación no sólo actualiza la tecnología empleada, sino que reexamina la naturaleza alucinógena* de nuestro actual ecosistema mediático, y cómo ese entorno afecta a nociones de identidad del sujeto contemporáneo. de forma similar a las fantasmagorías, hoy contemplamos capas de datos visuales rodeándonos y deshaciendo barreras entre lo que es real y lo que es representación, entre lo que es interior y lo que es exterior. La realidad virtual es la tecnología que een este momento actualiza la fantasmagoría (…). Nuestras tecnologías de la imagen nos han convertido en una representación fantasmagórica de nosotros mismos. En mis instalaciones utilizo luz y fotografía digital para explorar el trauma e impacto psicológico producido por estas transgresiones corporales. ¿Qué significa tener un cuerpo humano en una realidad tan virtualizada que parece negar algo tan básico del ser humano como es su carne? Sentience es un esfuerzo paradójico, quizás fútil, por recuperar el cuerpo humano en la fantasmagoría. Lo efímero de los cuerpos luminosos proyectados, contrasta con la opacidad del cuerpo del público que se introduce en la instalación. En lugar de ser un espectador pasivo, activa la instalación tapando y destapando imágenes mientras camina por el espacio. El espectador no sólo se convierte en una pantalla, sino que también proyecta la silueta de su propio cuerpo cuando interrumpe un haz de luz. Esta proyección del sujeto, en el fantasmagórico entorno de la instalación, intenta ser un equivalente visual de la proyección freudiana del sujeto sobre el mundo. Con el movimiento del espectador, Sentience provoca una experiencia sinestésica que pretende generar otras formas de concebir el cuerpo en el espectáculo.

* En un fragmento anterior, habla de “las borrosas fronteras entre fenómenos exteriores y actividad mental interior, entre realidad y ficción”.

Enlace a la web de Daniel Canogar aquí.

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