Entrevista a Marta Carrasco, creadora e intérprete de danza-teatro

En el portal vasco de artes escénicas Artez, encontré una interesantísima entrevista que le hicieron a la bailarina Marta Carrasco en abril del 2007 (entrevista realizada por Carlos Gil). Al final del post, añado un enlace a un vídeo de TV3 en el que la artista realiza un repaso de su trayectoria y explica sus vivencias de la danza-teatro.

“No concibo hacer teatro si no es para comunicarte”

Esta conversación tiene lugar a la mañana siguiente del acto de acogida de los nominados a los Premios Max que cada año realiza el ayuntamiento de Madrid con su alcalde a la cabeza. Marta Carrasco es una de las asiduas a estas ceremonias. Son muchos años seguidos los que la profesión la coloca en las listas de más votados. Este año está nominada para recibir cinco posibles estatuillas del deseo diseñadas por Joan Brossa.
La cafetería del Círculo de Bellas Artes de Madrid está en calma, todavía no han empezado a llegar los comensales del menú. Estamos en un ambiente sereno rodeados de conocidos cineastas, artistas pintores y actrices que aprovechan esas mesas y la luz natural que entra por los enormes ventanales para leer guiones, devora periódicos, cerrar acuerdos o para iniciar proyectos.
Tras las frases rituales, hablamos del gran momento que atraviesa, especialmente porque su último trabajo J’arrive…! tiene más de cuarenta actuaciones programadas, algo inusual para la danza-teatro. Surgen, con buena lógica las opiniones sobre la misma fiesta de la noche anterior y la real influencia y valor de los Premios Max como incentivo para encauzar una carrera o la vida de un trabajo.

por Borja Relaño

por Borja Relaño

¿Qué tal sienta estar nominada a cinco Max?
Primera impresión. Sea donde sea que estés nominada para recibir unos premios, por lo tanto que te están valorando, te sienta bien. Y quien diga lo contrario, me parece que miente. Te sienta bien. Te sienta más bien que mal. Luego puede ser, sí puede ser que a nivel de programadores, o de algunos programadores, al estar tan nominada, sí que se lo miran más, o se vuelven a mirar aquel dossier que tienen en la mesa. No obstante con el J’arrive…! ha sucedido mucho antes. No nos había ocurrido nunca, pero desde hace dos meses tenemos que ir diciendo que no tenemos fechas. No tenemos fechas hasta noviembre que viene. No me había pasado nunca antes tener cuarenta y cinco funciones. En mi gremio esto no existe. No.

Por cierto, para marcar mejor el terreno, ¿de qué gremio hablas?
Llámale teatro-danza, en el no texto, ¿te parece así? Yo no he encontrado el nombre claro. Llamémosle teatro-danza, danza-teatro, teatro físico, ¿cómo quieres llamarle?

¿Cómo lo llamas tú?
Yo no me defino porque no sé el nombre.

¿Tu formación de dónde viene?
De la danza, del teatro y de la música.

¿Tú dónde te encuentras más a gusto?
Me siento más dirigiendo que no coreografiando. Así es como lo veo yo. Me siento mucho más intérprete que bailarina. In-tér-pre-te, que no actriz.
Hay una corriente de creadores que no quiere que se les coloque una etiqueta.
Hace tiempo que existe esa sensación de no querer que te clasifiquen: arte escénico. Es Teatro, hacemos teatro. Pero al decir hacemos teatro no nos estamos refiriendo a hablar, ¿verdad que no?

Yo, si veo una flor, un paisaje, algo que me impresiona, me salen palabras, ¿cómo haces para que tus emociones se conviertan en imágenes?, ¿existe una técnica, un sistema?
Cada uno tiene su manera, su fórmula, sus recetas. Desde luego, hay cosas que te estimulan o no. Yo, seguro que en el centro de todo lo que hago, está el ser humano. Bueno, supongo que todos los seres humanos que hacemos teatro, pensamos en los seres humanos, ¿de qué hablamos si no es del ser humano? El teatro se hace, se basa, se sustenta, en el comportamiento del ser humano. Esto es una obviedad. Claro. Ahora yo me pregunto, ¿al subirte a un escenario uno de tus objetivos debe ser comunicarte, o no?

Yo pienso que el hecho teatral es un acto de comunicación. ¿Estás segura de que todos los coreógrafos lo entienden así?
No. Ah, pues ahí es donde tengo una gran batalla, porque yo sí. No sólo lo defiendo sino que no concibo hacer teatro si no es para comunicarte.

Claro, es que si no, es mirarte el ombligo, yo acostumbro a decir que soporto esos espectáculos porque tengo mucha vida interior…
Coño. Exactamente. Bueno vamos a otras cosas que no quiero hablar mal de los demás.

Estamos intentando hablar de tu arte, de tu profesión, de tus referencias.
Estoy en contra del ‘no te ha gustado porque no entiendes’. Estoy, muy, muy en contra. En primer lugar tú, director, coreógrafo, directora, tienes que esforzarte para que entienda y en cualquier caso darme la clave como espectadora para que entre en tu mundo. Dame la clave. Si no se trata de entender, sí se trata de que entre. Y ésa es responsabilidad mía, como directora o autora, y no del espectador que venga con su manual.

¿Tú cómo te consideras respecto a la autoría de tus trabajos, qué método utilizas por ejemplo con los textos?
Mi relación con los textos es muy dispar, pueden ser poesías, frases hechas, textos sacados de la calle, de la consulta del médico. Todo aquello que se me queda en la vida.

Vamos por partes, ¿cuándo te interesas por la danza?
Pues como en casi en todo, tarde y mal. Tenía diecisiete años, y era pianista en un grupo de rock sinfónico, para desgracia familiar. Además yo era muy deportista, una persona siempre muy sana.

¿Deportista aficionada o competitiva?
Bueno, mi tío Jordi montó un club de tenis en Sant Pol de Mar y me llevaba a jugar, y acabé jugando el campeonato de España infantil. No me comí una rosca, pero bueno, cuando llegas a un nivel de estos, pues mira. Quiero decir con todo esto que lo de la disciplina y lo de la tozudez es algo que viene de lejos. Total, una amiga me lleva a un estudio de danza con casi dieciocho años. Están haciendo allí una clase de jazz con músicos en directo y yo llego y me quedo absolutamente obnubilada, casi me desmayo de la emoción.

Y en vez de ponerte a improvisar con los músicos, te saltó la vocación…
Me quedé petrificada. Pensé, ¿esto qué es? ¡Qué maravilla! ¡Qué gustazo! Y nada, me puse a trabajar para pagarme las clases. De camarera, haciendo encuestas, en supermercados, haciendo publicidad. En mi casa no había pasta para ésto.

Bueno sí sabías música, algún gustito artístico había en tu casa.
No, éso fue porque el novio de mi hermana me regaló un órgano electrónico. Yo pertenezco a una familia de nombre, muy burguesa, pero cuando yo nací, soy la última de cinco hermanos, ya no había dinero. Era una familia venida a menos. Pero sí que hubo mucha lucha. Y cuando me planté delante de mi padre y le dije “Pare, vull ballar” (“Padre, quiero bailar”), se le puso la cara como si le hubiera dicho que quería ser yonqui. Mi padre era muy mayor y yo tenía 20 años.

¿Qué tenían proyectado para ti?
Cualquier otra cosa. Mis hermanas estaban bien casadas, mujeres con carreras que las habían dejado para tener sus hijos, cosa que me parece bien, porque el oficio de ser madre es difícil. Eso sí que no me atrevería a ser nunca.

Así que asistes a la clase de jazz y decides que quieres bailar.
Exacto, pero sin verbalizarlo, que es más fuerte todavía.

¿Y empiezas a tomar clases?
Primero me entero de qué es lo que hay. Y empiezo en el estudio de Anna Maristany y Anna Maleras. Y un año después en el Instituto del Teatro. A saco, Paco. Pero a saco. La guerra. Me presento a las pruebas y la anécdota que siempre cuento porque me parece un prejuicio escandaloso que puede hacer mucho daño a alguien que empieza y que por lo tanto es muy vulnerable, es que me dijeron: ‘Contigo dudamos porque tienes aspecto de haber tenido una vida fácil y no te lo tomarás en serio’. O sea, tienes pinta de pija.

Una discriminación…
Muy fuerte y todo era porque al menos en Barcelona, si no llevabas el pelo muy rapado, o las camisetas lo suficientemente rotas, no podías mezclarte con ellos. El esnobismo existía entre ellos. Era como si la gente de la danza contemporánea tuviera que llevar un distintivo que dijera, ‘Hola, somos raros’. Y yo no era nada, ni les gustaba mi cara, o mi coleta, pero yo sí que veía el look y la estética que se llevaba y no coincidía.

Vengo escuchando muchas historias sobre discriminaciones y ciertas vejaciones en estudios, escuelas y compañías de danza, ¿qué hay de cierto?
Desgraciadamente hay demasiadas barbaridades. Yo he trabajado con un coreógrafo que ha muerto de cáncer no hace mucho, que maltrataba. Pero el maltrato es muy habitual. A mí no me ha ocurrido en el Instituto del Teatro porque no me dejé. El ser déspota, el humillar para enseñar o para…

…dirigir...
…éso también lo he visto.

¿Tú estás vacunada?
No sacas nada de la gente. Para empezar, lo más importante: no hace falta tratar mal a nadie. Soy impaciente y exigente. Pero de éso a humillar… Yo que sí he trabajado, de verdad, y me gusta mucho colaborar con directores de escena, ésto lo he visto, vaya si lo he visto.

Parece que existe una nefasta escuela de directores que cuando pierden la seguridad, lo intentan solucionar a gritos…
Claro, el problema es cuando pierden su seguridad, pero vamos, si yo soy impaciente, y si yo tuviera que poner un defecto mío que indudablemente tengo muchos más, como todos, ese sería que yo soy muy impaciente y me lleva a que en un momento del proceso de creación, con todas las tensiones que se acumulan, me salga una ansiedad y reclame con algo de genio porque algo no está todavía.

Hablas de humillar, de hundir a alguien, ¿dónde lo has vivido, en la escuela, en compañías, o dónde?
Lo he visto. En la escuela, no. Pero no me parece un buen método para nada. (Silencio)

Antes has dicho una palabra muy bonita, hoy algo controvertida, que se puede interpretar mal: disciplina.
Disciplina y constancia. Está muy relacionada con el cuerpo y al cuerpo hay que mimarlo mucho e ir a favor siempre del cuerpo, siempre, que en este ‘metier’ no siempre se entiende así, y más si hablamos de la danza clásica que fuerza mucho el cuerpo. Yo creo que cuanto más lo mimas, más te da. Y luego disciplina, constancia, respeto, fidelidad al proyecto, a lo que estás haciendo, con la gente con la que trabajas. Yo hablo de mí hacia los intérpretes y de ellos hacia mí y hacia nuestro proyecto. A esto llamo disciplina. Disciplina es seguir cuando ya no puedes más, por ejemplo. Aunque la palabra te haya gustado mucho, pienso que es más bonito lo que estoy diciendo que la palabra, que ¿no la asocias con algo militar o del cole?

No, pero sí que a lo largo de mi vida con compañías en donde había músicos, bailarines y actores, las diferencias son abismales. Los más disciplinados, siempre, los bailarines.
No solamente se trata de una cuestión física, sino que el bailarín ha de tener claro que tiene solamente dos rodillas. No hay ningún repuesto, ni tobillos, ni hombros, ni cervicales, ni lumbares, ¿sabes? Evidentemente es tu instrumento de trabajo. Pero yo me refería a una disciplina, una fidelidad, un orden que va más allá de lo físico. Bajo mi punto de vista yo considero disciplina al orden trabajando, al silencio cuando se trabaja. No soy partidaria, y es un asunto personal que me sirve a mí, porque cada uno tiene su método y sus cientos de verdades que habitan en cada uno de nosotros, por ejemplo yo no soy partidaria de preguntar la opinión.

¿De tus compañeros de trabajo?
Ni de amigos antes de estrenar, no me va bien. Y trabajando es obvio que hay cosas que se hacen muy en grupo…

¿No te puede llevar a aislarte demasiado?
Un poco, pero me reafirmo con el trabajo, con ellos, viéndolos. Este último trabajo está codirigido con Carme Portacelli con la que tenía muchas ganas de trabajar, que es un encanto. Y mira, una de las cosas muy buenas de esta relación es que no somos iguales para nada. Y en muchas cosas nos complementamos con muchísima comodidad. Que eso, siendo dos personas que dirigen, no te creas que es tan fácil.

¿Cuál ha sido la relación jerárquica en concreto?
Un trabajo que es tan de dentro, que habla de todo lo que hemos dicho hasta ahora, es evidente que es algo muy propio, mío, claro que sí. Y que aunque esté dentro del escenario no puedo evitar seguir dirigiendo. Esté dentro o fuera. Pero ella, es otra mirada.

O sea, ella desde fuera te ordena lo que tu bailas.
Nos lo hablamos, verbalizar con ella y discutirlo, comentarlo, reírnos, y decirnos, ¿pero qué coño estás diciendo, guapa? No. O viceversa, es muy enriquecedor.

Llevas tiempo colaborando con directores de escena, ¿qué tal la experiencia?
A veces es muy difícil. A mí me enriquece todo lo que haga, y cosas que no conoces, que tienes que esforzarte me gustan. Es muy difícil que te coja un director y te diga “Quiero que estés aquí pero no sé exactamente por qué ni para qué, pero tienes que estar.” ¿Cómo te metes? Es difícil. Cuando no, te llaman y te dicen “Necesito una coreografía de aquí a aquí.” Little night music de Mario Gas, una apertura que había que montar, éso está claro. Pero cuando te dicen “Trabaja…”, sin nada más, ¿cómo te metes?

Éso: ¿cómo te metes?
Pues tienes que meterte en el cerebro del director y tienes que observarlo mucho, ver por dónde va, qué le propones.

Pero si se trata de un texto cerrado puedes leerlo, inspirarte, no sé, tienes algunas pistas…
Sí, no, no, si yo le propongo, aquí podemos hacer ésto, pero depende mucho de unos a otros. Porque hay gente que te pide cosas concretas y entonces es más lógico, pero….

¿Tú, en tus creaciones partes de algo cerrado?
Cada día vas descubriendo por dónde vas a ir. Gracias a un acierto o a un error o una dificultad.

¿Cuál es tu metodología de trabajo con tu compañía?
No tengo una manera única, depende del proyecto.

¿Cómo selecciones a tus intérpretes?
Lo primero deben tener una buena calidad humana porque a quien es buena gente, le sacas partido, tiene mucho jugo. Me interesa mucho la gente inclasificable. Incluso físicamente inclasificable. O particular o peculiar. Son gente que han hecho teatro de texto, actores y actrices, o gente muy física que nunca han bailado pero yo veo, porque les he visto trabajar, que se les puede sacar mucho físicamente sin haber tomado nunca una clase de danza, o puede ser un bailarín que me interese mucho. Pero primero: buena gente. Y tengo a muy buena gente.

¿Tienes un equipo básico desde hace tiempo o vas variando?
Sí. En concreto Carmen González y Cristina Sirvent, trabajan conmigo desde hace varios espectáculos. Y luego están los demás. Claro, no es fácil, porque yo no siempre les puedo dar trabajo, por lo tanto se me puede ir para otros lados y como ya te digo que son gente de teatro, tienen muchas más ofertas de trabajo que un bailarín. Un bailarín es fiel por naturaleza y fiel por disciplina a lo que está haciendo, y además, no tiene muchas otras ofertas. Ésto también influye, y esta diferencia existe aunque quede feo decirlo. Un actor se te puede ir a hacer otra cosa de teatro o de televisión.

¿Dónde te colocan actualmente los clasificadores institucionales, periodísticos?
Mira ya he conseguido que duerman tranquilos y que no les preocupe cómo se llama lo que hago.

¿Y cómo lo han superado?
No sé, pero a mí me acaban de dar el premio Ciutat de Barcelona por la confluencia de teatro y danza en mi trabajo, por unanimidad. Me parece un claro síntoma. Y en las críticas ya no se cuestionan si es danza o teatro. A veces nos las hacen los críticos de teatro y otras los de danza. Muy bien, pero seguirá habiendo roces siempre. Especialmente por la evolución de tus propios trabajos.

Por cierto, ¿con los años se tienen más dudas o más claridades?
En teoría se tienen más dudas, y en realidad vas teniendo un poco más claro lo que “¡No!” Se tiene un poco más de oficio, más serenidad, pero ésto convive perfectamente con la sensación primera de decir “no lo sé hacer”.

¿Tú partes de “no lo sé hacer”?
No siempre. Alguna cosa que me proponen o que me encargan, me digo “no sé por donde empezar”. Y te pones a trabajar y vas.

¿Cómo transformas las ideas en imágenes, existe un proceso automático, un método, o es un ejercicio creativo sobrevenido?
Mira, tendría casi que responderte sin palabras. Te voy a poner un ejemplo. ¿Cuántas mujeres matan al día? Muchas pero bueno, hay otros muchos problemas en el mundo, llevamos el doble del año pasado. A ti leyendo la noticia o viendo la foto de una mujer acuchillada o amoratada, con cara de susto e impotencia, seguramente se te ocurrirá escribir algo, a mí se me ocurre una imagen, me viene a la mente, por ejemplo, una mujer, dos hombres con carmín en los labios y me viene a la mente Debussy, porque aquí la música tiene mucho que ver. Y me puede venir a la mente alguna palabra, es verdad, me viene la película Blancanieves. Toda la escena con los enanitos, el príncipe, etcétera, y partir de aquí esos dos tíos la empiezan a besar a base de carmín y ella acaba sencillamente destrozada, acaba asesinada, la han matado a besos. Así es cómo traduzco yo las cosas que me gustan o que me emocionan.

Diez años ya de existencia..
No, once, en noviembre del 95 se estrenó Aiguardent, y todavía lo hago. Me voy a Nueva York a hacerlo y me despido en abril en La Abadía.

De este camino, que me imagino tendrá sus baches, ¿qué recuerdas?
Siempre es muy difícil. Yo miro a mis obras y ahora mismo, recuerdo como el de mayor dificultad creativa, Camille. El espectáculo al que le tengo mucho cariño es Mira’m, y la gente me comentaba si tenía influencias de Kantor y yo, te juro, no he visto nunca a Kantor. Y posiblemente tenga otras influencias que ni yo misma soy consciente. Yo le tengo cariño personal por el proceso, no por el resultado. Fue hermoso, gratificante, intenso, y por éso lo quiero tanto.

Has dicho que te gusta más dirigir que coreografiar, ¿más dirigir que interpretar?
No se pueden comparar. Si tuviera que elegir, hoy en día, con 43 años y una hernia discal, sin lugar a dudas, dirigir. Y además que me lo paso muy bien dirigiendo. Luego se sufre cuando ya se ha acabado. Estás fuera y lo ves todo y no tienes la adrenalina del escenario, que te quedas como nueva.

¿Te sientes reconocida?
En estos momentos sí. Y lo agradezco. Igual que agradezco estar nominada a los Max. Este es un buen año para nosotros, pero yo no pierdo ni un segundo la vista del camino, con los pies en el suelo, porque mañana no sé dónde estaremos. Hoy tenemos bastante trabajo, mañana no lo sé.

Para terminar, aquí está el enlace al vídeo de la entrevista que le hicieron en TV3 en el programa Nydia, en noviembre del 2007.

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